Moisés Absalón Pastora
De la misma manera que la oscuridad no puede ser vencida por la misma oscuridad, sino por la luz, de la misma manera, la violencia no puede ser vencida por la violencia, sino por la paz. Con este pensamiento quiero aterrizar en un 2014 apartado de las fatalidades y creer, con la convicción de la serenidad, que éste puede ser un año determinante para Nicaragua si así nos lo proponemos todos.
Nadie puede decirnos que estamos del todo bien pero tampoco podemos concluir que estamos del todo mal. Un país cuya economía gravita en dos mil quinientos millones de dólares no puede estar bien, pues nos movemos sobre una cifra indigente frente a nuestras necesidades, pero si consideramos el impacto global de los poderosos en crisis, francamente hay que reconocer que gerencialmente, el país camina. No cabe duda que la economía de los nicaragüenses ha mejorado notablemente, sin embargo, la demanda social en campos como salud, educación, empleo, seguridad, entretenimiento y cultura es una esponja que absorbe el presupuesto dejando poco margen a la inversión pública que es determinante para el desarrollo.
El actual Gobierno, advertido y concientizado de las limitaciones que hay para satisfacer el área social desde que asumió en el 2007, se alió con una Venezuela que por su propia crisis ya no es tan generosa y se estremece en momentos en que nuestros principales productos de exportación tienden a la baja y el petróleo a la alta.
Estas realidades requieren un trato responsable de todos los nicaragüenses. A veces pensamos que la solución vendrá de los ajenos y seguro tiene algún sentido, si consideramos que los ojos de Rusia y China apuntan hacia nosotros. Sin embargo, poco entusiasmo habrá en los amigos extranjeros si aquí el poder y los que quieren tenerlo no ponen los pies sobre la tierra.
Pienso que debemos partir de que tenemos frente a nosotros a tres Nicaraguas: La ideal, que es el paraíso que todos quisiéramos; la real que es la que tenemos; y, la fatal, que es la que pertenece a los que todos los días la maldicen porque quieren marcar su propia agenda en el figureo político.
Podemos seguir soñando en la democracia perfecta que no existe en ninguna parte, podemos seguir criticando cualquier cosa que se haga sin proponer o podemos tomar lo que tenemos y corregir con sabiduría los errores que todos hemos cometido y empujar la carreta sobre el camino correcto.
Este 2014 definirá muchas cosas que tienen que ver con el futuro del país. Podemos involucrarnos para incidir o podemos aislarnos para no hacer nada. Podemos criticar con propuestas o podemos despotricar con maldiciones. La decisión la determinará el sentido común o el tóxico visceral de los que no tienen más horizonte que su propia nariz.
Yo abrazo la esperanza de poder corregir y no de empeorar. Deseo ver desde el presente el mañana y no el pasado. Las nuevas generaciones nos reclaman una visión y trato diferente de los acontecimientos.
Haber hecho lo mismo desde nuestra independencia —guerras y revoluciones— sólo nos condujo al odio y a la miseria y todos, absolutamente todos, somos culpable de ello.
El autor es periodista. Liberal