Moscú/EFE
Un atentado suicida, ayer a las 12:45 (hora local) en la entrada de la estación de tren de la ciudad rusa Volgogrado, se cobró la vida de 16 personas y lanzó una seria advertencia al Kremlin, a seis semanas de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi.
Dos de las víctimas fallecieron horas después de la explosión en el hospital. Casi cuarenta personas resultaron heridas, nueve de ellas de gravedad, mientras hacían cola en la puerta del edificio de la estación de la antigua Stalingrado.
Todo apunta a que el terrorista pertenecía a la guerrilla islamista del Cáucaso Norte, quien habría decidido golpear de nuevo Volgogrado, donde un atentado dejó seis muertos en octubre, al tratarse de un importante centro nacional de transporte, según los expertos.
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La explosión tuvo lugar después de que el terrorista llamara la atención de la Policía al pasar por el detector de metales en la entrada de la estación Volgogrado-1. “Sonó la señal de alarma (del detector). Un policía se llevó al hombre a un lado y se dispuso a revisarlo personalmente. En ese momento estalló el artefacto explosivo”, informó una fuente policial a Interfax.
El terrorista detonó la bomba antes de entrar en el edificio, explicó Vladimir Markin, portavoz del Comité de Instrucción (CI) de Rusia, citado por las agencias locales. Según el CI, el equipo de seguridad instalado desde el atentado suicida contra el aeropuerto moscovita de Domodédovo, en enero de 2011, que dejó 36 muertos, impidió que el terrorista llegara a la sala central, lo que evitó que el número de muertos fuera aún mayor.
El explosivo tenía una potencia equivalente a diez kilos de trilita, por lo que, según las fuerzas de seguridad, si el terrorista hubiera accedido a la estación podría haber causado una auténtica carnicería.
El presidente ruso Vladimir Putin encargó a las fuerzas de seguridad la captura de los organizadores del atentado y el envío de aviones para el traslado urgente de los heridos más graves a Moscú. Las autoridades temían un aumento de la actividad terrorista y guerrillera según se aproxima la inauguración el 7 de febrero de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi.
Hace unos meses el líder de la guerrilla caucasiana, el chechén Doku Umárov, amenazó con abortar los Juegos blancos, que tachó de “bailes satánicos sobre los huesos de nuestros antepasados”. Por esto y tras el aviso recibido en abril, con el ataque perpetrado por dos hermanos chechenes en el maratón de Boston, Putin endureció las leyes contra los terroristas y sus familias.
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