GERALDINA GONZÁLEZ C.
Desde que era una chiquilla me ha encantado la Navidad. Esa sensación de alegría que invade el ambiente y las sonrisas que adornan el rostro de las personas que nos rodean son el reflejo del deseo de compartir una noche especial con la familia. Quizás parte de esa emoción que me provocaba se debía a la relación que de cierta manera le daba con las vacaciones.
Lo cierto es que hasta el día de hoy me siguen encantando estos días. Decorar mi casa, colocar el arbolito de Navidad y sobre todo poder reunirme con la familia y amigos aún mantienen vivo en mí el espíritu de la niña que siempre ha amado la Navidad.
Sin embargo, hay una duda que siempre me ha inquietado: ¿qué significa la Navidad para nosotros los nicaragüenses? ¿Se trata simplemente de una fecha en la cual nos reunimos para compartir con la familia e intercambiar presentes?
A un extremo al pie del árbol se encuentra el pesebre, una pequeña casita que alberga las estatuillas que representan el nacimiento de Jesús, hecho que da origen a esta celebración.
Para la psicóloga Ledia Gutiérrez, el significado de la Navidad ha variado con el paso del tiempo.
“Se ha perdido poco a poco el verdadero motivo de la Navidad, pues hace años se festejaba con mucho espíritu el nacimiento del hijo de Dios, Jesús de Nazaret. Ahora es motivo de vacaciones, el décimo tercer mes, compras, regalos fiestas, licor y promociones. El comercio es el que rige y maneja el espíritu de las personas”, señala Gutiérrez.
Agrega que la competencia es uno de los principales factores que contribuye a darle un sentido material a esta celebración.
“Existe una competencia por el estar al día en la moda, que los hijos disfruten lo que la publicidad ofrece. Hay todo un reino de emociones imperando en los que pueden adquirir las cosas, y en los que no pueden impera el fracaso, sentimientos de derrota y frustración, lo cual los lleva a consumir licor, al robo, el asalto, entre otros”, dice la especialista.
Mantener vivo el verdadero significado de la Navidad dependerá, en parte, de la madurez emocional y el control de nuestras emociones, pues “si somos capaces de administrar sentimientos y emociones podremos disfrutar de la verdadera Navidad, que es celebrar con la familia y los amigos la venida del niño Jesús, sin caer en el extremo, con moderación, sin derroches, deudas y más”, asegura la psicóloga.
En el caso de la elección de los obsequios, se sugiere que se compren pensando en cómo beneficiarán al destinatario y tomando en cuenta sus gustos y preferencias.
Una noche familiar
Nada más gratificante que reunir a la familia en Nochebuena y compartir historias y recuerdos de las vivencias conjuntas. Es una excelente oportunidad para crear un acercamiento con quienes no vemos a diario y fortalecer el amor familiar.
“Podemos aprovechar las vacaciones y días libres para reunirnos en familia o con los amigos y reafirmar nuestro amor por ellos. La Navidad es un tiempo para reflexionar cómo estás yendo por la vida, si haciendo el bien o el mal”, exhorta Gutiérrez.
Además de compartir un delicioso platillo en la cena, esta noche es perfecta para realizar actividades o juegos que permitan compartir tiempo de calidad con la familia.
“La Navidad es motivo suficiente para estar alegres y hacer actividades desde las más simples como hacer que todos cooperen en la preparación de la comida, ir a la iglesia, hablar del nacimiento de Jesús, visitar a otros familiares o amigos, ver películas alegres que puedan disfrutar todos, ver fotos del recuerdo, entre otras actividades”, sugiere la psicóloga.
Aunque en nuestros días la Navidad ha adquirido cierto sentido comercial, para mí sigue siendo una excelente oportunidad para recordar el nacimiento de Jesús y manifestar nuestro amor por familiares y amigos, haciendo de esta noche un verdadero momento mágico, en donde la armonía, la paz y el amor de Dios fortalece la unión familiar.
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