Blanca Rojas
Sudáfrica geográficamente está lejos de Latinoamérica pero emocionalmente muy cerca. Las vivencias de ese pueblo, sus luchas de liberación, sus ideales políticos sustentados por años hicieron al mundo occidental fijar sus ojos en una pareja de luchadores. Nelson y Winnie Mandela repudiaron el canibalismo del hombre blanco. La segregación racial aún está en el presente, con menos fuerza, y nos corroe y nos aniquila. El apartheid contra el que luchó Nelson Mandela trenzando sus manos con Winnie todavía rueda y las palabras que dejó el gran líder del siglo XX, que no quiso perdurar en el poder teniendo en sus manos y a su disposición los elementos necesarios para hacerlo y dijo: “Para que la democracia sea verdadera el poder tiene que ser transferido”. Nelson Mandela escuchaba y se hacía escuchar, se rodeó de hombres prudentes como Denis Goldberg uno de los condenados a prisión perpetua, en el juicio de Rivonnia y de Beyers Naude, ministro de la Iglesia Reformada Holandesa, hombres impolutos de ideas claras. Nelson Mandela compartió el premio Nobel de la Paz en 1993 con Federick William, hombre de ojos y cabellos claros, el último gobernante blanco de Sudáfrica, le tendió sus manos y olvidó las cárceles, los latigazos que descarnaron sus carnes, el trabajo forzado en que fue sometido en las minas y dijo: “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no existe el perdón”. Después de 27 años de prisión en la isla de Robben donde cumplía condena a prisión perpetua, las Naciones Unidas por votación unánime, sin precedentes 106 votos demandaron la libertad inmediata de los hombres condenados en el juicio de Rivonia, Nelson Mandela salió de prisión sin odio en su corazón, con el pensamiento claro.
Cuánto nos falta por aprender de esas lecciones maravillosas en estos tiempos convulsos de confrontaciones mezquinas y de rencores.
El 14 de junio de 1958 Nelson Mandela se casa con la primera trabajadora social negra Nomzamo Winifred Madikizela, oriunda del pueblo de Pandolandia cuyos habitantes suelen cubrir sus cuerpos con mantas tradicionales. Nomzamo lleva el día de su boda un traje de corte europeo y Nelson Mandela, según portadas de medios de comunicación, un traje oscuro a rayas y una corbata clara. Nomzamo fue conocida en el transcurso de las luchas sociales de Sudáfrica como Winnie Mandela y se le conoció también como la madre de los africanos. Hija de un maestro rural que desde niña le enseñó a cantar canciones triviales de su pueblo. Desde muy joven se enteró de la importancia del Congreso Nacional Africano fundado en 1912 cuando cursaba el High School Shawbub. La disciplina a los centros de estudio en Johannesburgo en 1953 la obligaron a usar zapatos. En los centros de estudios conoció a Nelson Mandela líder de las luchas sociales de su pueblo y divorciado desde 1950 de Evelyn Ntoko y padre de tres hijos que vivía en una modesta casa en Orlando.
Las manos de los hombres y mujeres excepcionales se trenzan y dan frutos. Winnie es una mujer de coraje, valiente, no le teme a nada ni a nadie y ocupa entre las luchadoras sociales un lugar muy especial. Sufrió cárceles, vejaciones innumerables mientras Mandela estaba en prisión Winnie predicaba su discurso en todas partes en el encierro en las confiscaciones y en la clandestinidad. Fue arrestada la primera vez en 1958 cuando estaba en estado de gestación esperando a su primera hija Zinzi en Johannesburgo por el supuesto delito de protestar contra la emisión de pases contra las mujeres. Fue el comienzo de su calvario. Alguien dijo: Cuando el ideal cobija el látigo no se siente, la que la hizo temblar fue el temor de su embarazo y aun así le gritó a los carceleros. “Váyanse al infierno de donde han salido”. En la lucha fue un pilar para hombres y mujeres tanto en las cárceles como en las calles. Haciendo un pequeño recuento cronológico 1962 proscrita durante dos años 1965 confinada al poblado de Orlando durante cinco años 1977 desterrada a Brandford estado libre de Orange. Sin mencionar un sinnúmero de arrestos y procesos judiciales en los que estuvo activa y beligerante mezclándose y orientando a las multitudes ante los tribunales Regionales de Johannesburgo.
Las cárceles fortifican y dan coraje, solamente los tahúres timoratos tiemblan ante las rejas. Winnie Mandela sufrió cárceles, torturas, exilios y confinaciones mantenida por un ideal y fortificada por el ideario de Nelson Mandela. Su pensamiento se había alejado de esos pensadores que afirman. La historia la hacen los hombres para que las mujeres la lean o a aquellas frases lapidarias del filósofo alemán Nietzsche. Los hombres tienen ideales las mujeres solo ilusiones. A Winnie Mandela no la cobijó la ilusión la impulso el ideal, ver a su pueblo a su raza liberada del yugo blanco. Anduvo como apóstol predicando y sosteniendo el ideario de Nelson Mandela lo hacía en libertad o al encontrarse tras las rejas. Fue inquebrantable y en los tiempos durísimos, cuando estaba confinada, decía con una sonrisa de mujer activa y beligerante. Invadió el espacio de los indiferentes como un torbellino. Se ataviaba con el traje largo, verde y negro de su raza y cubría su cabeza con el pañuelo de las etnias africanas, así con su pelo semicubierto se presentó a recibir el premio de defensora de los derechos humanos que le otorgó la fundación Kennedy por manos de su presidente John Buchanan. Hoy el mundo llora la partida de Nelson Mandela el gran estadista del siglo XX. Y el gran compañero de Winnie Mandela. Así se consterna la humanidad ante la partida de un hombre probo. La autora es dirigente política.
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