El futuro de los jóvenes y el de Nicaragua

Dado el peso que todavía tiene la población joven en la población total vale la pena interrogarse en qué medida, y de qué manera el futuro de los jóvenes estará vinculado al futuro del país, y viceversa.

Adolfo Acevedo Vogl *

Dado el peso que todavía tiene la población joven en la población total vale la pena interrogarse en qué medida, y de qué manera el futuro de los jóvenes estará vinculado al futuro del país, y viceversa.

Para arrojar alguna luz sobre estas interrogantes, utilizaremos las proyecciones de población para seguir la evolución de las cohortes de población joven.

En 2010, las cohortes de población joven — definiendo esta como la población de entre 15 a 34 años—, representaban el 63.4 por ciento de la población en edades productivas, es decir, que la mayor parte de la población en edad de trabajar era joven.

En esta fase, la población en edades productivas está alcanzando su máximo nivel histórico, precisamente porque cada año nuevas oleadas de jóvenes están alcanzando la edad de trabajar.

En solo tres décadas más aquellas cohortes que en 2010 tenían entre 30 y 34 años habrán alcanzado la edad de retiro, de manera que 344,426 personas de estas cohortes adquirirán la categoría de adultos mayores, y representarán el 29.5 por ciento del total de 1,167,434 adultos mayores que habrá entonces (como referencia: en 2010 apenas había apenas 360,498 adultos mayores).

Cinco años después, 412,400 personas más de las cohortes que en 2010 tenías entre 25 y 29 años se les estarán uniendo, y ambos grupos representarán el 52.4 por ciento del total de 1,404,728 adultos mayores.

En otros cinco años se les agregarán 445,586 personas de las cohortes que en 2010 tenían entre 20 y 24 años, y entre los tres grupos alcanzarán a representar el 68.7 por ciento del total de 1,643,453 adultos mayores que habitarán el país.

Para cuando las cohortes que en 2010 tenían entre 15 y 19 años alcance la edad de retiro, en otros cinco años, y agreguen 498,685 al número de adultos mayores, nuestras cohortes se habrán elevado hasta representar el 80.7 por ciento del total de 1,901,314 adultos mayores que habrá.

Pero para entonces se habrá producido una transformación fundamental: mientras en 2010 había 9.6 personas en edades productivas por cada adulto mayor, para cuando nuestros actuales jóvenes representen el 80.7 por ciento de los adultos mayores, solo habrá 2.4 personas en edad de trabajar por cada adulto mayor.

Desde este momento hasta entonces, la suerte del país, y de los actuales jóvenes, dependerá de manera decisiva de la productividad del empleo que en promedio vayan encontrando las cohortes que forman parte de la población en edades productivas.

Un ejemplo simplificado ayudará a ilustrar esto. La productividad media de los trabajadores en 2010 fue de 36,900 córdobas constantes de 2006.

Si asumimos simplificadamente que el salario real corresponde a la productividad media, con 9.6 personas trabajando por adulto mayor, redondeando, para 2010 tendríamos una masa salarial real de 353,089 córdobas constantes (=36,900 * 9.6).

Si asumimos que cada trabajador aportaba (directa o indirectamente) el 10 por ciento de su ingreso real para sostener a los adultos mayores, aplicando este 10 por ciento a la masa salarial de los 9.6 trabajadores, ello permitiría sostener una transferencia de 35,308 córdobas en promedio a cada adulto mayor, equivalente al 95.7 por ciento del salario real de los trabajadores.

¿Qué ocurrirá cuando nuestras cohortes representen el 80.7 por ciento del total de adultos mayores, pero solo existan 2.4 trabajadores por adulto mayor?

Si la productividad media del trabajo no ha aumentado —suponer esto no es extremo, porque en las últimas décadas no lo ha hecho— el ingreso real de los trabajadores tampoco habría aumentado.

En este caso, con 2.4 trabajadores por cada adulto mayor, tendríamos una masa salarial real de 90,359 córdobas constantes —resultado de multiplicar 2.4 por el mismo salario real de 36,900—.

Si aplicamos el diez por ciento a esta masa salarial, el ingreso real que se podría transferir en promedio a cada adulto mayor sería equivalente a 9,035.9 córdobas constantes —en lugar de los 35,308 córdobas constantes de 2010— y apenas al 24.5 por ciento del salario real de los trabajadores, en lugar del 95.7 por ciento de 2010.

No solo la población de trabajadores seguiría siendo pobre, sino que los adultos mayores pasarían a ser muchísimo más pobres que en la actualidad.

En cambio, si se promoviese desde ahora, un proceso activo de transformación estructural de la economía, y como resultado diez veces superior a la actual para cuando solo hubiesen 2.4 trabajadores por adulto mayor, el escenario sería totalmente distinto.

No solo los salarios reales de los trabajadores podrían ser diez veces superiores a los actuales, sino que también el ingreso que podría transferirse a los adultos mayores podría ser varias veces superior.

Así, el vínculo que “amarra” el futuro que espera al país, y a los actuales jóvenes, se establecerá de una manera u otra según se impulse o no un proceso de transformación estructural que permita la creación de empleo de creciente productividad y haga posible como resultado un incremento alto y sostenido de la productividad media a lo largo de las próximas décadas.

La opción está todavía en manos de la sociedad nicaragüense.

(*) Economista

[email protected]

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COMENTARIOS

  1. Jose
    Hace 13 años

    Según se percibe no habrá creación de empleo de creciente productividad.Ni la empresa privada ni el gobierno están apuntando a una productividad de crecimiento sostenido,les interesa la macro economía 3 a 5% de crecimiento estos dos actores se conforman con eso,por consiguiente la pobreza se incrementará cada vez mas, los actores Cosep y gobierno quieren disminuir la pobreza por ¨goteo¨así ¿cuando?,el joven se va del país a generar divisa y enviar a su familia.

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