Hoy se conmemora el 65 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cual es uno de los documentos jurídicos y políticos más trascendentales, progresistas y nobles de la historia humana.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue aprobada por Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, tres años después del fin de la II Guerra Mundial, del Holocausto del pueblo judío perpetrado por la Alemania nazi fascista y del estallido genocida de las bombas atómicas en Japón, lanzadas por Estados Unidos. Aquellos horrendos hechos —que no fueron motivados solo por las disputas internacionales, sino también por la intolerancia racial y el desprecio a la dignidad y los derechos de las personas—, despertaron la conciencia de los gobernantes y los impulsaron a establecer un compromiso universal de reconocimiento y respeto a los derechos humanos, con el propósito y la esperanza de que nunca más se volvieran a repetir.
Cuando se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948, los miembros de las Naciones Unidas eran solo 58 países, siete más que los 51 que en 1945 constituyeron esa organización mundial de gobiernos. Entre aquellos 51 fundadores de las Naciones Unidas y los 58 proclamadores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, estaba Nicaragua.
En la actualidad la ONU tiene 193 miembros, más tres que participan en ella con el estatus de observadores (Ciudad del Vaticano, Malta y Palestina), en tanto que a Taiwán y Kosovo injustamente no se les reconoce ni siquiera como tales, a pesar de que reúnen todos los requisitos para ser miembros plenos, incluso más que algunos otros que sí disfrutan tal prerrogativa.
De manera que 135 países que actualmente son parte de la ONU, no participaron en la elaboración y aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948. Pero igualmente están obligados a cumplirla, pues tal fue el compromiso solemne que asumieron cuando solicitaron su incorporación a las Naciones Unidas y fueron aceptados por esta organización.
Sin embargo no es así. En muchos países miembros de la ONU no se respetan los derechos humanos fundamentales consignados en la Declaración Universal, en algunos casos sin ninguna justificación y en otros con el pretexto de que sus tradiciones culturales nacionales no permiten ajustarse a ellos. Lo cual es falso e inaceptable, pues, como se estableció en la misma Declaración en 1948 y lo reconocieron y fue aceptado por todos los miembros originales y posteriores de Naciones Unidas, los derechos humanos son valores universales intrínsecos de todas las personas que existen en cualquier parte de la Tierra, por encima de singularidades étnicas, culturales, religiosas, geográficas, económicas y políticas, etc.
Cabe señalar que la misma ONU permite esa situación, e incluso alcahuetea a los gobiernos violadores de los derechos humanos, como lo prueba el insólito hecho de que países como Cuba, China y Rusia forman parte del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Otro de los países donde los gobernantes violan de manera sistemática los derechos humanos es Nicaragua, como precisamente en estos días lo han denunciado las organizaciones que velan por los derechos humanos de los nicaragüenses. Razón por la cual, esta conmemoración no es, como debería ser, una fiesta por la vigencia de la dignidad de las personas y los derechos humanos, sino una jornada de lucha para exigir que sean respetados.
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