El socialismo orteguista

Carlos Tünnermann Bernheim

Hasta ahora no conocemos una definición convincente sobre qué se entiende por “socialismo del siglo XXI”. Ni siquiera el difunto Hugo Chávez, su principal promotor, explicó alguna vez con toda claridad cuáles son sus características definitorias.

El documento del Foro de Sao Paulo solo menciona los pasos para su implementación, pero ahora que se tramitan en la Asamblea Nacional (AN), las contrarreformas constitucionales, podemos extraer de la iniciativa los elementos constitutivos del socialismo del siglo XXI, tal como lo concibe el orteguismo.

Un elemento clave de esa concepción es la democracia directa, pero no como la entienden los constitucionalistas sino cómo la asume el orteguismo. Para este, los mecanismos de la democracia directa son los que el partido controla: los consejos territoriales, los consejos sectoriales y las asambleas territoriales. Si los instrumentos por excelencia de la democracia directa son el plebiscito y el referendo, la iniciativa debió elevar, a rango constitucional, su definición y los procedimientos para su implementación. Tampoco se incluye el referendo revocatorio, que es la mejor expresión de la democracia directa. Los Gabinetes de Familia subsisten en el Código de la Familia.

El socialismo populista a la Ortega se apoya, fundamentalmente, en organismos partidarios que no son más que correas de transmisión de las políticas del ejecutivo, que ahora se elevan a rango constitucional y que, en realidad, terminan con la auténtica participación ciudadana democrática.

Otro elemento clave del modelo socialista orteguista es la concentración de poder en la Presidencia y la posibilidad de la reelección continua e indefinida del presidente, unida a la facultad de dictar decretos de carácter general, o sea con fuerza de ley en materia administrativa. Con esto, las atribuciones legislativas de la AN quedarán disminuidas.

Para completar el modelo de acumulación de poder, la iniciativa avanza en el control del Ejército y la Policía Nacional, con lo que se abre la puerta a la militarización de la sociedad y se fortalece la vinculación de las Fuerzas Armadas al proyecto orteguista, con grave deterioro del profesionalismo e institucionalidad que habían alcanzado.

Un aspecto contradictorio del modelo es que a la vez que predica los ideales socialistas, trata de incorporar a la Constitución elementos corporativistas propios de los regímenes totalitarios fascistas.

Los valores cristianos que se proclaman aparecen en este singular engendro de socialismo, revueltos con conceptos de inspiración más bien panteístas, esotéricos y paganos, como cuando se pretende incorporar a los preceptos constitucionales los derechos de “nuestra Gran Madre”, la Tierra, que “forma con la humanidad una única identidad compleja y sagrada”. Esto pareciera una referencia a la Pachamama, deidad de los indígenas peruanos y bolivianos.

Se atribuye al Ejército, mediatizado por las reformas, la elaboración de planes y políticas para la defensa y seguridad nacional, para cuyos efectos, el Arto. 92 establece que “el espectro radioeléctrico y satelital que incide en las comunicaciones nicaragüenses debe ser regulado por el Estado”. Esto representa una amenaza para la libertad de expresión en el ciberespacio. Además, se resucita el concepto de “seguridad nacional”, que ya había sido superado por el de “seguridad democrática” en un tratado centroamericano, y por el de “seguridad humana” por resolución de las Naciones Unidas.

Como puede verse, el singular modelo “socialista” debilita todos los elementos fundamentales de la democracia representativa y participativa, consagrada por la actual Constitución, al punto que los escaños de la AN ya no pertenecerán a los diputados electos por el voto popular, sino al partido que los llevó de candidatos, con lo que se anula el valor del voto ciudadano.

Tras la aprobación de estas contrarreformas tendremos en Nicaragua un modelo “socialista” sui géneris, que el pueblo nicaragüense no ha aprobado. Sin embargo, el orteguismo avanza en las etapas que señala el documento del Foro de Sao Paulo. El autor es jurista, educador y escritor.

Opinión Ortega Socialismo archivo

COMENTARIOS

  1. traficante de influencias
    Hace 13 años

    El chanchullismo el chamuquismo el argollismo el nepotismo el continuismo el entreguismo el oportunismo el inscontitucionalismo el totlitarismo el trafiquismo el influencismo el pelelismo el fondomoneretanismo el salvajismo socialismo del siglo 21 a la medida del pelele inscontitucional del dictador danielista.

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