El desafío del AdA

Alejandro Arauz L.

Con la ratificación del Acuerdo de Asociación entre Centroamérica (CA) y la Unión Europea (UE) por Guatemala el 28/11/2013 ha entrado en vigencia “parcial” este importante instrumento internacional. La vigencia plena será un hecho cuando sean aprobados el pilar Político y de Cooperación por los 28 miembros de la UE rigiendo en adelante sobre este marco las relaciones políticas, comerciales y de cooperación entre ambos bloques.

Estimaciones para el largo plazo infieren que la región en su conjunto, como resultado de una implementación coordinada y articulada de los tres pilares del Acuerdo, facilitará la integración económica de la región, al mismo tiempo proporcionaría nuevas oportunidades de mercado para los operadores económicos, exportadores e inversores externos e internos. Se estima que CA se beneficie en más de US$3.5 mil millones por año y en expansión. Ahora bien, la región como un todo estaría frente a un esquema mundial de mercado conformado por más de 500 millones de pobladores con ingreso promedio per cápita por encima de los US$33.5 mil dólares.

Por otra parte, en el entorno internacional mueve con avances importantes el Acuerdo Comercial entre EE. UU. y la UE; que se prevé comience a funcionar dentro de dos años. Hay que señalar que en el corazón de este acuerdo EE. UU. y la UE son las industrias de alta tecnología, la propiedad intelectual, servicios, etc., lo más relevante que arrastraría a las principales economías de América Latina y Asia a una complementariedad tecnológica e integración de mercados conformado por más de mil millones de pobladores con un ingreso promedio de US$22.4 mil dólares per cápita. Es un escenario de perspectiva positiva para CA si se avanzara en una mayor integración regional y un mayor y mejor aprovechamiento de su plataforma geográfica con mayores esfuerzos para invertir en infraestructura vial de primer nivel, energía, mano de obra competitiva, eliminación de costos de transacción intrafronterizos, educación de primer nivel, etc. Así, se estaría propiciando la instalación y la construcción de una amplia plataforma de empresas de alta tecnología demandando mano de obra calificada sustituyendo la maquila de baja productividad y de bajos ingresos actuales.

No obstante, la región de CA no camina sobre esa perspectiva positiva, pues no arremete el largo plazo. Pocos esfuerzos en educación y gran atraso de la ciencia aplicada, la pésima infraestructura vial, la energía cara, la debilidad de las instituciones públicas y privadas, como también el imperceptible avance que cada miembro le imprime a la integración. Únicamente en materia comercial y aduanera se ven logros un poco claros. De extenderse este contexto se estaría postergando la capacidad de adaptación de nuestras sociedades a ser arrastradas por los impulsores más importantes del cambio mundial como es la tecnología, cuya avenida principal es el comercio y la inversión, afirmando con más claridad que son los ejes por los cuales gravitarán estos acuerdos y amplios territorios comerciales agitados por las revoluciones mundiales en el transporte y las comunicaciones, más los nuevos avances que vienen en forma rápida como la impresión en 3D y la continua expansión de las tecnologías de la información.

Algunas mentes que ven venir con rapidez este proceso, creen equivocadamente que con tasas de crecimiento espurias alrededor del 4 o el 5 por ciento ayudadas por los beneficios ocasionales que dan las coyunturas de los precios mundiales de las materias primas agropecuarias, la promoción de políticas “proteccionistas” y el enfoque “populista” de políticas públicas en inversión y el gasto social, se estaría contribuyendo a fortalecer el mercado interno y, con ello, las economías individuales de CA no serían sometidas con fuerza a este oleaje mundial evitando mayores desajustes y regresión social. ¡Realmente los que piensan, actúan y propician esta visión, qué equivocados están!

La economía de Centroamérica, que crece en épocas de bonanza alrededor del 5 por ciento y se desplaza sobre una plataforma productiva con bajo nivel de incorporación de las ciencias, tiene muy poco que aspirar con los Acuerdos y Tratados como el suscrito con la UE. Si este Acuerdo no es aprovechado usando iniciativas propositivas por los países de la región, tanto el comercio y la inversión extranjera directa, no serán una vía posible para nuestros pueblos junto con una mayor dispersión geográfica de crecimiento de los ingresos y las oportunidades que integrarán un número creciente de países en el más amplio intercambio internacional. Nuestros países de la región deben caminar a mayor velocidad en ejes fundamentales como la infraestructura, la ciencia, las instituciones y modernización de los Estados, pues nuestras sociedades y Estados se estarían enfrentando en los próximos diez años con un mercado sin aranceles y reglas comunes con países con ingresos más altos y con poblaciones más grandes y mejor dotadas de conocimientos que pondrán nuevas tensiones en los recursos, tanto renovables como no renovables.

Las actuales instituciones económicas pobremente fortalecidas e influenciables por los partidos políticos basados en esquemas del viejo tradicionalismo y el neopopulismo están propiciando que nuestras sociedades no puedan acceder a mejores beneficios de una integración centroamericana vigorizada. Con una visión propositiva, nuestros países aprovecharían mejor los ejes “paliativos del Acuerdo con la Unión Europea” como son el político y de cooperación” y beneficios accesorios de otros acuerdos. Una perspectiva contraria pone también en riesgo el futuro del comercio, el cual se verá afectado a medida que las políticas mal diseñadas y/o aplicadas continúen sin éxito para resolver los problemas de la creciente preocupación social, como la disponibilidad de puestos de trabajo y la persistente desigualdad del ingreso. El autor es economista.

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