El inmortal escritor ruso León Tolstoy dijo en una ocasión: “Todos somos responsables de todos” y es el pensamiento de esta servicial columna. Y les pedimos a nuestros amigos y amigas lectoras que se pongan atentos para evitar lamentables quemaduras en nuestra población, en especial en niños.
La alegría de la Navidad a veces se ve entristecida por quemaduras de menores de edad. Mi hijo Lenin Ernesto cuando era niño compró triquitraques y fósforos, los guardó en el bolsillo de su pantalón, comenzó a correr y la fricción condujo a la combustión que le produjo graves quemaduras que han dejado cicatrices. No hay pólvora segura se dijo en una ocasión y tenemos que seguirlo diciendo.
Los menores de edad, en especial cuando están en alto riesgo por la falta de cuidados de los adultos, se exponen por estos días a quemaduras por pólvora que se consideran lesiones graves porque destruyen tejidos vitales (piel, grasa subcutánea, músculos, nervios y huesos). Después de una quemadura viene la hospitalización y una rehabilitación que puede durar años, dejando cicatrices y secuelas en el cuerpo y la mente del futuro de la humanidad, que son nuestros niños y niñas.
La quemadura de primer grado afecta la capa exterior de la piel, que se pone “colorada” con dolor y ardor. Las de segundo grado pueden ser de dos tipos y afectan piel y subdermis. Las de tercer grado y más carbonizan la piel y pueden llegar a músculos y huesos.
Ahora el ingeniero industrial Lenin Ernesto promueve el cuido de todos los niños y niñas. Una quemadura es para toda la vida, dice doña Vivian Pellas, a quien felicitamos por su maravillosa obra social de proteger a los infantes quemados por diversas causas. Navidades tranquilas y felices para todos.
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