Adolfo Acevedo Vogl (*)
La tasa de inversión —la formación de capital como porcentaje del PIB— observada en nuestro país durante el periodo 2006-2011 fue equivalente, en promedio, al 26.1 por ciento del PIB. Dicha tasa fue bastante superior a la observada en el periodo 1960-77, cuando en promedio solo ascendió al 17.7 por ciento del PIB.
Inclusive, esta tasa de inversión del 26.1 por ciento del PIB observada en 2006-2012 se compara de manera muy favorable con la tasa de inversión promedio del 23 por ciento del PIB observada en Corea del Sur a lo largo de la década de 1970, cuando la economía de ese país se expandió a tasas sumamente aceleradas.
Por otra parte, en el periodo 2006-2012 los flujos de inversión directa extranjera alcanzaron en 2011 el equivalente al 10 por ciento del PIB. En marcado contraste, en el periodo 1960-77 la inversión extranjera directa en promedio se mantuvo por debajo del dos por ciento del PIB.
Pese a esta tasa de inversión mucho mayor, la tasa de crecimiento económico promedio anual en el periodo 2006-2012 solo ascendió al 3.5 por ciento, muy por debajo de la observada en el periodo 1960-1977, que fue del 6.3 por ciento. Esto significa que la formación de capital fue mucho más eficiente en el periodo 1960-1977 en comparación a 2006-2012.
Debido a esta mayor eficiencia de la inversión en 1960-77, en dicho periodo una tasa de inversión más reducida fue capaz de generar tasas de crecimiento económico más elevadas que en 2006-2012.
Lo anterior estaría indicando que, cuando se trata del impulso al crecimiento económico, no importa tanto el nivel de la inversión como porcentaje del PIB, como la calidad y la composición de dicha inversión.
¿A qué factores obedece que una tasa mucho mayor de formación de capital en relación con el PIB se refleje en tasas de crecimiento económico mucho menores? Algunas hipótesis:
1. La formación de capital y la Inversión Extranjera Directa no están impactando en la tasa de crecimiento de la productividad media de la economía, debido en gran parte a su composición sectorial. La inversión se estaría concentrando en gran medida en los sectores de mayor intensidad de capital y mayor productividad comparativa —energía y minas, transporte y comunicaciones—, los cuales, sin embargo, solo generan una fracción muy reducida del empleo.
Por el contrario, los sectores agropecuario, comercio y servicios sociales y personales, cuya productividad como porcentaje de la productividad media de la economía es la más reducida, generan el 76.7 por ciento del empleo total, y su participación en el empleo global ha estado creciendo.
Dado que la productividad media de la economía es un promedio ponderado de las distintas productividades sectoriales, siendo el factor de ponderación la participación de cada sector en el empleo, el elevado y creciente peso de las actividades de baja productividad en la generación de empleo, presiona hacia abajo la productividad promedio, contrarrestando el aumento en la productividad de los sectores más intensivos en capital.
2. La inversión se está concentrando además en sectores que se caracterizan por sus escasos encadenamientos con el resto de la economía. Por el lado de la demanda, la implicación es que los incrementos de la inversión y las exportaciones arrastran mucho menos el crecimiento de la economía que en el pasado, debido a los limitados encadenamientos intersectoriales.
Por el lado de la oferta, los limitados encadenamientos y complementariedades intersectoriales que caracterizan a los sectores en que se concentra la inversión, limitan la posibilidad de que se generen las externalidades positivas que dan lugar al surgimiento de economías de escala dinámicas, las cuales, a su vez, constituyen la fuente de la competitividad sistémica.
3. Más allá de eso, la demanda interna ha tendido a orientarse cada vez más hacia las importaciones, de manera que la expansión de la demanda interna contribuye cada vez menos a estimular la producción doméstica de bienes y servicios, y el empleo asociado a ella, y cada vez más a impulsar las importaciones de bienes y servicios producidos en el exterior, y el empleo en los países de origen de las importaciones.
Como resultado, el PIB orientado a atender la demanda interna ha crecido a una tasa de solo un 1.34 por ciento promedio anual en el periodo 1994 a 2011, mientras las importaciones lo hacían a una tasa del 7.34 por ciento.
Al mismo tiempo, una menor tasa de crecimiento ha estado asociada a mayores desequilibrios externos. Mientras la tasa de inversión del 17.7 por ciento del PIB en el periodo 1960-1977 estuvo asociada a un déficit externo promedio en la cuenta corriente de bienes y servicios no factoriales de apenas el -0.6 por ciento del PIB, en 2006-2012, cuando la tasa de inversión aumentó hasta un 26.1 por ciento del PIB dicho déficit externo se elevó hasta un promedio del 22.9 por ciento del PIB.
La razón fundamental es que mientras en 1960-77 el coeficiente de exportación fue en promedio del 23.7 por ciento del PIB y el de importación fue del 24.3 por ciento del PIB, en 2006-2012, si bien el coeficiente de exportación aumentó al 34.5 por ciento del PIB, el de importación se incrementó hasta un 54.7 por ciento del PIB.
(*) Economista
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