La alegría
La alegría es una virtud humana que debemos seguir cultivando. Una persona triste es una triste persona.
¿De qué alegría hablamos? ¿De la alegría fisiológica del animal sano? ¿De la alegría del que le ha tocado la lotería? ¿De la alegría o risa del payaso de circo? ¿De la alegría del que lleva cierto grado etílico?
No. Hablamos de la alegría como virtud humana y que, como cualquier otra virtud, exige lucha.
¿Es compatible la alegría con las contrariedades de la vida: enfermedades personales o de nuestros seres queridos, reveses económicos, situaciones de paro, roturas familiares? Sí, es compatible. Evidentemente, la forma de manifestarse será distinta. Ante la pérdida de un ser querido o un fuerte revés del tipo que sea, no vamos a estar como se está en la sobremesa de una boda. No sería humano.
Nos referimos a la seguridad interior que proporciona estabilidad emocional, equilibrio. Somos conscientes en todo momento de que mantener la alegría no es como una línea horizontal. Sabemos que en toda vida hay altibajos en el ánimo, como sabemos que el año tiene cuatro estaciones y que, por crudo que sea el invierno, después siempre viene la primavera.
Podemos preguntarnos: ¿Estoy satisfecho de mi edad y situación? Hay que estar contentos con nosotros mismos. Si para estar contentos con nosotros mismos hay que rectificar algo en nuestra conducta, pues, con humildad y firmeza, habrá que decidirse a rectificarlo. Es una alegría rectificar y ya lo dice el refrán “rectificar es de sabios”. La vida es lo que viene, no lo que fue y debemos estar atentos a que nuestro pasado —el que sea para cada uno— no condicione demasiado nuestro presente. Si hay que perdonar, se perdona; si hay que pedir perdón, se pide. Con estas disposiciones empezamos de cero. ¡Qué alegría que no haya ningún resentimiento en nuestro corazón! Así comenzamos y recomenzamos de nuevo nuestra lucha cada día.
Hay que mantener las ilusiones y esperanzas y el orgullo de lo realizado. La serenidad, equilibrio y sensatez nos dan una autoridad real.
Para los creyentes, la virtud de la Esperanza —seguridad de que Dios nos gobierna con su providente omnipotencia, que nos da los medios necesarios— también es una buena razón para estar alegres.
Juan Blasco.
Reformas a la Constitución
Es increíble que en vez de buscar cómo mantener estables los precios de la comida a bajo costo, que no se encarezca la energía y la manera en cómo crear empleos para todos, los dichosos gobernantes de nuestro país estén trabajando en reformar la Constitución, en donde por ejemplo los artículos 147 sobre reelección indefinida y eliminación del techo electoral o el artículo 92 sobre control de bases de datos y los registros informáticos son los que más han llamado la atención y mantienen en vilo a diversos sectores.
Si bien es cierto, se ha consultado a la Iglesia, empresa privada, Amcham entre otros, y la mayoría no apoya esta propuesta de reformas; sin embargo, si no hay un acuerdo entre todos, no hay un diálogo serio en concreto, a criterio, de nada servirá puesto que de todos modos, para eso tienen seguros sus 63 votos en la Asamblea. A esto sumémosle (si es que se da), que un opositor venga y se ponga a favor, aunque no les conviene.
Hay que trabajar por el bien de Nicaragua, luchar contra la pobreza, por más educación, parcialidad general para todos, y buscar la manera cómo crear más empleos y que la canasta básica se mantenga estable. Cosas como estas, que vienen a favorecer a la población, son por las que realmente se deben trabajar.
Roger Salinas Gallegos.
Abolir el Ejército
El nuevo intento criminal de instaurar otra dictadura dinástica en el país y cambiar la Constitución para ello, ha sido aprobado por el Ejército, que de hecho acepta convertirse en brazo armado del FSLN. ¿Para qué queremos esto? ¿Para qué otro Ejército de un partido en nuestra historia? ¿Para qué esta cochinada institucional? ¿Esta hez de la historia?
Un Ejército nacional como tal debe ser apartidista y no deliberante en política, sus miembros en el ejercicio de la carrera militar no deben desempeñar cargos en el Gobierno, mucho menos en los partidos políticos. Esto es sano para la democracia porque, imagínense ustedes, como ciudadanos participando en política: unos civiles sin armas y otros armados y autorizados por la ley a usarlas en contra tuya si lo consideran necesario. Todos los civiles quedan indefensos ante el grupo armado que los puede poner manos arriba cuando quiera golpear, disparar e incluso matar. ¿Es una competencia política justa? Por supuesto que no.
No sé qué dirán los defensores de semejante adefesio jurídico, seguramente que son incapaces de violar las leyes, que son neutrales y otra sarta de sandeces. Pero la verdad es que quieren someter al Ejército y a la sociedad al capricho de un pequeño grupo de degenerados políticos que quieren fortalecer la dictadura para que sea “forever”.
Con esta actitud, el Ejército se ha ganado su abolición, la merece, el país no los necesita de esa manera. Además, en realidad la única gloria que puede exhibir en sus vitrinas es haber matado y seguir matando a ciudadanos nicaragüenses. No ha participado en ninguna guerra internacional, no ha defendido la soberanía, no ha defendido la Constitución y en estos dorados tiempos no tiene ninguna posibilidad de enfrentar al imperio, que deja hablar y despotricar a los supuestos líderes antimperialistas, pero tiene una capacidad militar contra la que no puede competir ningún Ejército de la región y casi ninguno del mundo. ¿Para qué queremos Ejército? ¿No sería mejor invertir ese presupuesto en educación, salud, agua potable, carreteras, caminos, alcantarillado sanitario, electricidad, programas de apoyo a la producción, etc.? Somos un país muy pobre, que no podemos darnos el lujo de tener un Ejército suntuario, en el mejor de los casos, y en el peor: represivo, político y partidario.
Eduardo Cáceres.
La realidad económica
Los nicaragüenses vivimos una crisis económica heredada de los años ochenta que se puede enumerar en cinco puntos:
1. Estancamiento de nivel de actividad económica. El PIB evolucionó a tasas negativas durante el periodo 1982-1990.
2. La relación déficit fiscal/PIB alcanzó 27.9 por ciento en 1988.
3. La hiperinflación alcanzó 33.656 por ciento en 1988.
4. El medio circulante aumentó de 3,508 millones de córdobas en 1979 a 52,914 millones de córdobas.
5. Devaluaciones recurrentes del tipo de cambio.
El PIB, que tanto se menciona en economía, es una de las formas más comúnmente usadas para medir el nivel de actividad económica en un país. La recuperación económica a través de la inversión pública y privada no ha generado suficientes puestos de trabajo. El PIB se puede también medir tomando como criterio la retribución a los factores de la producción y la parte del pastel que toma el Estado como impuestos. La otra forma de medir la actividad económica de un país es la inflación. La inflación es el aumento sostenido en el nivel de precios de la economía. La característica principal de tipo de inflación de la presencia de un déficit fiscal. De 1950 a 1979, la economía experimentó tasas de inflación de un dígito porque había un crecimiento internacional favorable, bajo déficit fiscal, baja deuda interna y externa, y la oferta monetaria acorde con el crecimiento del nivel de actividad económica. El proceso inflacionario se debe al alto déficit fiscal, baja deuda interna y externa, y la oferta monetaria acorde al crecimiento del nivel de actividad económica.
Hay que reducir el número de funcionarios públicos de la administración orteguista. Se nota un cierto lujo y derroche del gobierno inconstitucional en cosas suntuosas que impide de cierto modo tener un crecimiento más sostenido.
Leonel A. Marín McEwan.
Ver en la versión impresa las páginas: 15 A