Klaus Stadthagen
El tiempo pasa, y la historia se repite. La democracia en Nicaragua, y en varios países de Latinoamérica, se ha desnaturalizado y ha pasado de ser un instrumento útil para lograr el bien común, a ser utilizada para llegar y permanecer en el poder, a través de procesos electorales viciados, con el pretexto de dar solución a los problemas que no han podido ser resueltos.
Una vez en el poder, muchos políticos latinoamericanos sienten que tienen el derecho de hacer uso de cualquier método con el supuesto fin de hacer progresar a sus pueblos. Si bien la reducción de la pobreza debería ser la prioridad de cualquier gobernante, bajo ningún punto justifica fraudes electorales, irrespeto al Estado de derecho, uso de la violencia y terror para callar a los disidentes, ni el pisoteo de la democracia. El fin, no justifica los medios.
La historia nos ha mostrado, muy especialmente a los nicaragüenses, que de nada sirve el progreso económico cuando este se sustenta en un sistema que irrespeta la dignidad de la persona. Es perverso pensar que en pos de lograr desarrollo económico, no importa pasar por encima de las libertades básicas que han costado tanta sangre, tanto dolor. Nuevamente se está “hipotecando” la libertad de futuras generaciones a cambio de ciertos beneficios a corto plazo. Deberíamos recordar que el adeudo de libertad, tarde o temprano se paga.
Pueda que un sistema autoritario logre progreso por algunos años, pero estemos seguros que la naturaleza propia de este tipo de sistemas hará acumular paulatinamente el descontento de la mayoría, con desenlaces que borrarán todo progreso y nos harán quedar peor de como comenzamos. Seguimos caminando dos pasos para adelante, y tres para atrás.
Sin duda en democracia es más difícil lograr progresos, porque, opuesto a la dictadura, democracia es en esencia un sistema que trata de tomar en cuenta la opinión de las personas, y poner de acuerdo a muchas personas, cuesta trabajo. Más difícil aún es en presencia de corrupción o cuando la oposición no asume su rol responsablemente, y en su lugar busca “gobernar desde abajo”, obstruyendo el flujo del progreso haciendo uso de un poder que no le fue conferido por los ciudadanos, fenómeno anunciado y ocurrido en Nicaragua desde 1990 hasta inicios de 2007.
¿Qué valor tiene ser libre?, desde hace unos años, y más explícitamente con las propuestas reformas a la Constitución, se está planteando a nuestra sociedad progresar sin libertad. ¿Es esto lo que queremos para nuestros hijos?, ¿es esto lo que buscó la revolución?, ¿es esto lo que logró la revolución?
Probablemente en la ecuación económica de algunos, el progreso material lo es todo, y hay que lograrlo aun haciéndonos esclavos de la dinastía de turno. Pareciera que en esa fórmula matemática no han tomado en cuenta el valor de lo intangible, de lo que no vemos ni tocamos, que al fin y al cabo es el mayor tesoro, lo que nos acompañará siempre.
Es muy triste pensar que después de poco más de treinta años, por acción u omisión, estamos nuevamente en el punto de partida. ¡Qué pérdida más inútil de tiempo, de recursos, de vidas! Muchas veces no valoramos lo que tenemos, hasta que dejamos de tenerlo.
Ojalá logremos el progreso para todos, y lo antes posible, pero no a costa de nuestra libertad. Si fuere a costa de ella, escrito en piedra está, no durará. Libertad a medias, no es libertad. El autor es administrador de empresas