En su “propuesta” de contrarreforma constitucional el orteguismo diseñó las consultas a la sociedad como un mero trámite, cuando en realidad deben ser un paso crucial en un proceso serio que busque mejorar la Constitución Política de un país.
Es por eso que de las 22 entidades “consultadas” 17 eran simplemente los empleados del poder ejecutivo u organismos afines al régimen, sin embargo, hubo organismos independientes a los que fue imposible obviar, entre ellos la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN).
Al ser invitada “a la carrera” como todo lo que se ha hecho en este proceso de contrarreforma, la CEN solicitó el mayor tiempo posible para estudiar el documento con seriedad, dentro de las limitaciones que el apuro del régimen le permitiera. Es por eso que los obispos fueron los últimos en enviar su opinión.
Opinión que tomó forma de una carta a la comisión especial que dictaminará la propuesta del Orteguismo. Quienes presentaron y leyeron el documento no fueron los obispos, sino el vicario de la Arquidiócesis de Managua y el secretario ejecutivo de la CEN. La carta es un mensaje que el orteguismo, o sea, la pareja presidencial, debe tomar muy en cuenta.
La CEN fue, lapidaria: “No estamos de acuerdo con este proyecto de reformas constitucionales. Creemos que su aprobación no traerá beneficio alguno para la nación”.
¿Por qué no está de acuerdo la CEN? Porque “consideramos”, reza la carta, “que la actual propuesta de reformas a la Constitución, vista en su conjunto, está orientada a favorecer el establecimiento y perpetuación de un poder absoluto a largo plazo, ejercido por una persona o un partido de forma dinástica o por medio de una oligarquía política y económica”.
Si bien es cierto que es precisamente para lograr esos objetivos que el orteguismo está haciendo los cambios constitucionales, ojalá el régimen tuviera la suficiente sabiduría de tomar esta opinión sensata con la seriedad que se merece, ya que, como dejan establecido los obispos su opinión la ofrecen como “un discreto servicio a partir de nuestra fe y del Magisterio Social de la Iglesia” ya que ellos, como lo han hecho con diferente intensidad otros nicaragüenses, también ven el peligro que esta propuesta representa.
Y es en advertencia a ese peligro que los obispos citan el discurso del papa Francisco a la clase dirigente de Brasil en julio de este año, cuando dijo que es una responsabilidad “tomar decisiones en el momento presente, pero extendiendo la mirada hacia el futuro, reflexionando sobre las consecuencias de las decisiones”.
Con su carta, los obispos están dando la oportunidad al régimen de recapacitar sobre el rumbo en el que pretenden llevar al país con esta catastrófica contrarreforma que viene a cerrar las válvulas de escape que el sistema democrático republicano provee a las sociedades.
En el corto plazo, la contrarreforma constitucionalizará el poder absoluto que la pareja presidencial tiene ya en sus manos, pero “extendiendo su mirada hacia el futuro” el régimen debe reflexionar sobre las consecuencias. O si le resulta más fácil, puede echar un vistazo al pasado y verse en el espejo de lo sucedido al somocismo.
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