Moisés Absalón Pastora
Desde que tengo uso de razón he escuchado que el Oriental es y seguirá siendo, el más importante centro de comercio de Nicaragua. Miles y miles de Managuas y otros departamentos convergen todos los días para comprar o vender en un perímetro de ochenta manzanas —tanto ha crecido— y donde corren al menos cincuenta millones de córdobas diarios.
En la década de los noventa surgieron los Conmema, como órgano regulador y administrativo, de los mercados pero tampoco fue solución para el enorme problema que tenemos los managuas con el principal de nuestros mercados.
El Oriental es un tema tan espinoso que nadie quiere tocar. Cada intento realizado ha fracasado por falta de voluntad o por miedo a tocar ese inmenso avispero. El Oriental es un problema de salubridad, prostitución, tráfico vehicular, riesgos de incendios, juegos de azar, expendio de drogas, alcoholismo, trata de blancas, evasión fiscal, violaciones, asesinatos y todo lo que usted pueda imaginar.
Repito que es una bomba de tiempo para los que venden y para los que compran. Ahí uno entra vivo y no sabe si sale completo. No hay seguridad para nadie, al extremo que ya es una regla que aquel que no quiere ser víctima de un asalto o robo con fuerza e intimidación, es mejor que entre peladito. Con la ropita menos llamativa, sin prendas de ninguna naturaleza y con el dinero escondido en el último rincón del cuerpo.
El reordenamiento siempre ha estado sobre el escritorio de todos los alcaldes desde 1990: para acabar con las telarañas pegadas ilegalmente a las líneas de distribución que han producido pérdidas millonarias a muchos comerciantes; para que la Policía brinde seguridad al que vende y al que compra; para que quien compra carne tenga la seguridad que su producto es legítimo; para que los grandes comerciantes que negocian hasta en miles y miles de dólares diarios paguen lo mismo al fisco que una locataria vende calzones en un espacio de dos metros cuadrados; para que los traficantes de drogas no sigan haciendo su agosto; para que los niños huele pega no sigan comprando sus vasitos de gerber; para terminar con los prostíbulos; para que en ese inframundo no se sigan viendo escenas de un bolo haciendo actos obscenos con una criatura, con una borracha o hasta homosexualismo en vista de todo el mundo.
Todas éstas cosas hay que arreglarlas porque en la medida que el comercio crece las calamidades que hay tras él también. El Oriental requiere de un censo eficiente. De un ordenamiento que permita con absoluta claridad determinar dónde exactamente están sus ofertas y productos para que verdulerías, comiderías, carnicerías, marisquerías, ferreterías, ropa, calzado y suntuarios tengan seccionalmente su propio lugar. El Oriental necesita abrirse para meter hidrantes, para que las cisternas bomberiles puedan entrar, para que los camiones recolectores de basura hagan una limpieza integral de lo que en realidad es un chiquero. El Oriental debe ser cercado porque requiere de fronteras que limiten su crecimiento y sin pérdida de tiempo y para sus efectos hay que declararlo saturado para que a ningún parroquiano se le ocurra ir a poner más caramancheles, incluso en medio de la calle. El autor es periodista.