Mis queridos lectores llevan meses enviando fotos de los miles de errores ortográficos que pululan por Nicaragua y el mundo. Es lamentable ver los destrozos que le hacen a nuestro idioma, pero lo peor es cuando los disparates salen en los medios de comunicación, porque no debemos olvidar que la responsabilidad ética en el periodismo lleva incluida el buen uso del idioma, la precisión de los términos y el buen estilo.
Las tecnologías modernas están ocasionando una despreocupación porque se sacrifica el buen trabajo periodístico por la inmediatez de la información, la mal llamada “primicia”, que lleva un galope desenfrenado hacia graves problemas de ortografía, redacción, gramática, estilo.
Las dos grandes columnas que sostienen la ética periodística son la verdad y el respeto a la dignidad de las personas, pero ahí entre estos puntales tenemos la corrección en el lenguaje.
El florecimiento tardío de la nota roja en algunos medios ha llevado a las pantallas del televisor expresiones vulgares, obscenidades y formas irrespetuosas, como “Moclín apresado, Se descachimba caponero, Golpean a degenerado”, etc. Da vergüenza, es casi prohibido para menores ver los titulares y las noticias de esos canales.
No podemos tildar de moclín, de degenerando a nadie sin una sentencia, mientras todos son presuntos, así de sencillo.
Hay una generación de periodistas que, sin importar su formación, han sabido ser éticos y respetuosos con su público. Es una generación que se ha esmerado para batallar contra la vulgaridad, los epítetos infundados y los conceptos manidos, pero lamentablemente hay una oleada de periodistas jóvenes más agresivos que pretenden desafiar algo, aún no saben ellos qué, pero parte de esa rebeldía e inquietud se manifiesta en la forma descarnada y grosera de cubrir ciertas noticias.
Combatamos ese mal, no permitamos que esa llaga siga lacerando el idioma y el buen prestigio del periodismo nicaragüense. Exijamos el uso correcto de nuestro idioma y desafiemos esa invasión por todas las vías posibles, para eso podemos usar las redes sociales. Para fustigar lo mal hecho.
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