El día martes 22 de octubre (día en que se cumplían 4 meses exactos del asalto a los jóvenes y ancianos de #ocupaINSS), el ortegamurillismo mandó, nuevamente, a sus pandilleros para que reprimieran a unos pobres comerciantes que solo querían trabajar honradamente vendiendo sus productos en los alrededores del Mercado de Mayoreo.
Igual represión oficialista sufrieron antes la Coordinadora Civil, el Campamento de la Dignidad, pobladores de Nueva Guinea y de Santo Domingo (con el agravante de que fueron las propias fuerzas policiales las que reprimieron en dichos municipios), los #ocupaINSS y, más recientemente, quienes protestaron el descarado robo de la empresa MPeso. Hasta existen vídeos filmados durante varias de estas acciones y las autoridades correspondientes han brillado por su ausencia, limitándose a “bolear” de un lado a otro a las víctimas.
Si hacemos un poco de memoria, recordemos que el nazismo de Hitler hacía lo mismo con sus tristemente célebres “camisas pardas”, cada vez que quería deshacerse de alguna realidad que resultara algo incómoda durante la consolidación del llamado Tercer Reich. Sus tropelías, sin duda alguna, han servido de inspiración para el gobierno Ortega Murillo. Tal como vemos que sucede ahora en Nicaragua, recordemos cómo dichos camisas pardas sostenían que “toda oposición ha de ser aniquilada”.
Cada vez con mayor regularidad vemos que, al ser la actual administración producto de un fraude electoral, esta siente que debe recurrir a mecanismos de intimidación para aterrorizar a la ciudadanía y así mantener a sangre y fuego su ilegítimo mandato, adelantándose a reprimir cualquier muestra de desobediencia que atente contra la sensación de precaria seguridad que sienten don Daniel y doña Rosario en su calidad de usurpadores de la cosa pública. Es decir, al ser inexistente un mandato popular legítimo en donde la representación del soberano es delegada en unos gobernantes elegidos democráticamente, los oportunistas que muy audazmente se apropiaron del gobierno —y lo usufructúan para su beneficio propio— evidentemente han hecho todo lo que sea necesario para no cederlo a nadie más.
Entre los recursos que han encontrado más efectivos está el uso de verdaderas “bandas delincuenciales” que todos sabemos quiénes mandan, quiénes visten, quiénes financian y luego quiénes encubren. O sea que no es cierto que sean delincuentes los campesinos que se han rearmado con el fin de rebelarse contra la tiranía y la opresión en las montañas (considerando que la rebelión es un recurso plenamente reconocido por el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). Los verdaderos criminales son los que actúan con patentes de corso modernas siguiendo expresas órdenes “de arriba” para neutralizar al enemigo de manera impune, dejándose el botín resultante como pago de su muy eficiente labor y fidelidad. Por eso es que mi cámara semiprofesional y los famosos siete vehículos que fueron robados por los pandilleros oficialistas durante estos ataques jamás van a ser recuperados.
Habiendo sido pateado en el pavimento por botas ortegamurillistas durante el ataque al Campamento de la Dignidad y con el fin de que como sociedad rechacemos de plano la práctica del terrorismo de Estado, creo que el último recurso que nos queda como ciudadanos es denunciar sistemáticamente el cinismo oficial de don Daniel y de doña Rosario, antes que este tipo de represión se convierta en el pan nuestro de cada día.
Para ello, a través de cualesquier recursos que dispongamos, sean redes sociales, organismos de derechos humanos, ONG, organismos internacionales y especialmente la protesta callejera, debemos empeñarnos en que nuestras voces sean escuchadas. Si esperamos verdaderamente que Nicaragua vuelva a ser República, no podemos quedarnos de brazos cruzados.
El momento de actuar es ahora. El autor es activista virtual
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