El Atabal Granadino, cuya existencia se remonta a muchísimos años atrás, y que a nivel nacional se reconoce como un rasgo propio de Granada. Según fuentes consultadas su origen se atribuye presumiblemente a dos versiones no plenamente confirmadas ni claras.
La primera señala su origen entre 1532 y 1542 con la instalación en Granada de la orden de los dominicos devotos de la Virgen del Rosario, orden, que según la tradición oral, recibió de la Virgen María el Santo Rosario para la cuenta correcta de las oraciones. Y trasladan e instalan la celebración en la ciudad.
La segunda versión más verosímil por las referencias documentales es que el Atabal Granadino se remonta al siglo XVIII, alrededor de 1751, época de gran fervor granadino a la Virgen del Rosario, lo cual es confirmado por el obispo fray Agustín Morel de Santa Cruz, al mencionar las multitudinarias procesiones de penitencia dedicadas a la Reina de los Ángeles y su Santísimo Rosario.
Novedad popular
Hace 250 años, de una época de fervor y penitencia en la que la devoción era una novedad popular y bien pudo ser el ámbito en que surge espontáneamente por los pobladores o inducidos por los religiosos, esta forma de expresar el sentimiento religioso, con alborozo y algarabía de sones, por hombres y mujeres vecinos del Convento de San Francisco, pobladores humildes del barrio de Santa Lucía, y sus alrededores, que se han empeñado en mantener la actividad.
Según algunos estudiosos locales esta manifestación religiosa popular ha perdido con el curso del tiempo su íntima esencia religiosa, llegando a una cierta secularización que no rompe plenamente con sus orígenes míticos; proceso que en cierto momento llevó al desconocimiento del Atabal por algunos religiosos que lo tildaron de acción decadente y ajena a los preceptos religiosos originales.
Con sus épocas de altas y bajas la manifestación se sigue perpetuando en el tiempo como expresión popular de la religiosidad de personas que veneran y se encomiendan a la Virgen del Rosario del Templo de San Francisco.
Por un lado de los árabes, que es de donde obtiene su nombre que se traduce como tímpano o instrumento de percusión, el cual es transmitido como elemento cultural a la región de España y por medio de la conquista española llega a tierras de América donde se mezcla con las variantes indígenas.
Nuestro Atabal merece la atención de los granadinos para que perdure en el tiempo como lo que es auténtica expresión popular religiosa y cultural.
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20 años de tradición
El actual Atabal, bajo la mayordomía de Fernando López Miranda, “El Cabo López”, por espacio de casi veinte años, si bien es cierto no ha vuelto al antiguo tipo de Atabal, al menos ha experimentado un sensible acercamiento a su espíritu original.
Y quizás podemos atrevernos a decir, con objetividad, que con su peculiar personalidad y don de gente le ha proyectado su esencial sentido de manifestación folclórica y cultural.
La muestra de ese afán son los actos de manifestación religiosa que actualmente bajo su dirección y la colaboración de varias personas de la ciudad celebran, pese a encontrarse cerrada la iglesia de San Francisco desde hace un año por los trabajos de restauración, pero cuya finalidad lleva implícita su revalorización ante la sociedad granadina que aparenta permanecer ausente, ajena a este esfuerzo que solo es posible mantener con voluntad y recursos. El Atabal mantiene su recorrido los sábados y domingos a las casas de los promesantes.
Los instrumentos
Según Julián N. Guerrero y Lolita Soriano, en su Monografía de Granada, señalan que los instrumentos del Atabal granadino lo componían antiguamente diez tambores, un bombo o tambor mayor, cuatro tambores medianos, cinco tambores pequeños, y un pito indígena, del cual no existe ninguna otra referencia, lo que puede presumirse es una inexactitud de estos estudiosos y que es una equivocada referencia más bien asociada a los instrumentos de la Yegüita de San Juan, la otra manifestación religiosa importante de Granada.
Alejandro Barberena Pérez, en su libro Granada dice que son nueve: cuatro tambores pequeños, cuatro tambores grandes, un bombo. Pero Enrique Peña Hernández, en sus escritos sobre el tema indica que son entre siete y 14 tambores más el bombo. El musicólogo Salvador Cardenal, señala entre dos o 14 compuestos por dos bombos, seis tambores medianos y cuatro tambores pequeños.
Actualmente se han reducido a: cinco tambores y un bombo. Como elementos de acompañamiento de los instrumentos se agregan dos lámparas que junto al atuendo de cotona y sombrero completan una especie de cuadro o escenografía de teatro musical callejero.
Las coplas
Es la típica bomba o composición rimada en cuarteto o redondilla conocida como copla o puesiya, en la que se busca la rima del segundo verso con el cuarto y expresa el ingenio del puesiyero y la sagacidad de componer la rima improvisada con rapidez.
Antiguamente estas coplas estaban exclusivamente referidas a los temas religiosos, en la actualidad se ha desvirtuado o bien ampliado sus temas de referencias, en alusión al promesante, a la Virgen o a la acción que desarrollan en el trayecto de las visitas a los promesantes.
Los sones musicales
En cuanto a los sones subsisten las diferencias entre los investigadores, quienes al igual que en lo referente a la cantidad de instrumentos y naturaleza, difieren en los sones. Peña Hernández en el año 1968 señala que son cuatro sones: Trago de Aguardiente, Chicha de Coyol; Alegre Callejero; Entre Nardos y Cipreces: Son de Palitos.
Barberena Pérez, según referencias de 1971, indica que son cinco sones: Callejero; Trago de Aguardiente, Chicha de Coyol; Entre Nardos y Cipreces; Son de Palitos; Despedida de los Compañeros.
Salvador Cardenal, conforme datos de 1977 apunta que son siete sones: Llamado de Personal o Llamado de Devotos; Iniciación del Callejero o Iniciación de la Marcha; Frente al Altar de María o El Callejero; Trago de Aguardiente; Son de Palitos; Un Bolillo o Son de Promesantes; Paso de Camino.
Según datos proporcionados por el Mayordomo y los atabaleros actuales (1997) se ejecutan los siguientes seis sones: Un Bolillo; Callejero; Trago de Aguardiente, Chicha de Coyol; Paso de Camino; Son de Palitos; Los Bolillos.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B



