Indigenismo y eurofobia

Álvaro Taboada

El reciente 12 de octubre don Nicolás Maduro, reputadísimo ornitólogo, repitió la tediosa perorata del indigenismo radical: España vino a América a saquear, a destruir, sin dejar nada positivo, y ocasionó un holocausto de “cientos de millones”.

Bien sabemos que en la conquista y colonización de Iberoamérica ocurrieron enormes atropellos, aunque menores que los cometidos por países como Inglaterra, que diseminaron interesada e hipócritamente las peores ideas antiespañolas. Pero esto, relativamente, es pasado. El antiespañolismo actual es parte del antieuropeísmo tercermundista, fruto del indigenismo radical, alineado con dictaduras y con prósperos neocaciques “revolucionarios”.

Indubitablemente el ocaso cultural y el declive demográfico ocasionado por la intrusión, en este caso de Europa, fueron dolorosas tragedias, paralelas a la reducción a la servidumbre de las masas aborígenes. Pero desde el fondo de esas tragedias se elaboran también grandes falsificaciones.

Por ejemplo, se afirma que nuestros antepasados amerindios fueron “exterminados”. Ciertamente en el Caribe la población original pereció casi completamente y fue reemplazada por esclavos negros. Pero esa tragedia fue causada involuntariamente por enfermedades como el resfrío y la viruela, inexistentes en América. La población del resto de Iberoamérica declinó por enfermedades y sobretrabajo, pero jamás desapareció y se recuperaría de tal forma que esta región (salvo excepciones) es fundamentalmente indígena y mestiza. Las cifras de cientos de millones de habitantes prehispánicos exterminados son imposibles. No existía capacidad para alimentar a esas multitudes con el bajísimo nivel tecnológico de la América preibérica. Sobre este tema existen muchas cifras basadas en ejercicios especulativos, pero también hay estudios basados en datos de cronistas, en censos de diversa procedencia como los efectuados por órdenes religiosas (los Dominicos, por ejemplo en Nicaragua), datos bautismales etc. y ningún estudio serio arroja cifras parecidas a las mencionadas por los indigenistas radicales. Pero el fanatismo no acaba aquí.

Las culturas indoamericanas son idealizadas para señalar a Europa como destructora del paraíso. Ciertamente, en particular en Mesoamérica y en el área andina, hubo grandes logros en arquitectura y otros campos. Pero se olvida el despotismo del régimen incaico, un imperio que avasalló pueblos y reubicó masivamente a poblaciones potencialmente revoltosas; se obvia el despotismo azteca y su “Guerra Florida” anual (Capturaban víctimas sacrificiales para dioses necesitados de sangre humana como Huitzilopochtli). Se oculta la existencia del canibalismo. Y se exagera simplistamente el tema de la convivencia armónica tribus-naturaleza.

Nuestros antepasados indígenas no conocían la rueda, ni el hierro, ni el uso productivo de los metales. El impacto ecológico de cualquier cultura de bajo nivel productivo normalmente es mínimo (y el nivel prehispánico correspondía al neolítico del Viejo Mundo), cuando Europa vivía el Renacimiento, unos 2,500 años de distancia. Esto lo trajo España, Europa, y en el choque de aquellas culturas prevalecería la más dinámica. De ese trágico momento saldrían productos positivos y negativos. Para bien o para peor, pero irremediablemente, somos criaturas de aquellos hechos. La vuelta atrás propuesta por los eurófobos es imposible.

Ante los hechos, queda como tarea la preservación de algunos elementos de aquellas culturas, adaptados inevitablemente al mundo actual: algunos tipos de organización comunitaria; la protección (en todo lo factible) de las tierras comunales y de las lenguas nativas, como último elemento de identidad, junto al español, el gran aglutinador de Hispanoamérica. Pero otros aspectos, incluidos los plumíferos disparates y el odio de Maduro, los complejos, las vestimentas y poses de las enriquecidas y cibernéticas Menchú y Evo, tienen funciones simplemente coreográfico-turísticas, disociadoras y sin futuro. El autor es Doctor (Ph.D) en Estudios Internacionales.

COMENTARIOS

  1. Lola
    Hace 13 años

    No podemos negar que muchos españoles que han venido recientemente a Nicaragua huyendo de la desocupación y la crisis económica en su país, se comportan en el nuestro como verdaderos déspotas: tratan a los empleados nicas como esclavos y les pagan mal. Pero por el otro lado, oportunistas utilizan el término «refundación del Estado» para, abusando de un falso indigenismo, imponer el comunismo.

  2. Denso
    Hace 13 años

    Buen articulo y bastante apegado a la verdad,aunque los espanioles y los ingleses no hayan sido precisamente santos,estoy seguro que les habria ido requetepeor a los indios si los conquistadores hubieran sido Mahoma o los chinos,japoneses y sus samurais;ademas de que los que se aventuraron eran gentes de pocas pulgas que encontraron indios,que los querian descavechar,asi que era la ley del mas fuerte;Sitting Bull y Crazy Horse tampoco eran palomitas de San Nicolas

  3. joe
    Hace 13 años

    El pasado es lo que menos importa, lo que importa es el futuro. Sin embargo, si usted sublima y descalifica las injusticias del pasado, estará pues condenado a repetirlas. Los traumas son buenos porque nos protegen de repetir el daño, y esto aplica también para los traumas colectivos.
    Pretender exorcisar las injusticias del pasado, aplicandole calificativos como «eurofobia», «indeginismo radical» solo demuestra lo cerca que podemos estar de repetir la hecatombe.

  4. Silvio
    Hace 13 años

    El “negacionismo” está de moda en ciertos círculos. Aunque no construyeron campos de concentración, los conquistadores establecieron la encomienda y la esclavitud con terribles resultados. Como Ahmadinejad, Taboada busca como desvirtuar el trabajo de investigadores Europeos o de descendencia Europea que no tienen nada que ver con Maduro. Los holocaustos NO se pueden barrer debajo de la alfombra, por respeto a los derechos humanos de las victimas y las generaciones presentes y futuras.

  5. Antonio
    Hace 13 años

    No fueron dolorosas tragedias, fueron crímenes contra la humanidad…

  6. Annelli
    Hace 13 años

    Es hora de dejar la lloradera y avanzar, a Japón el «imperio» le recetó nada más y nada menos que la bomba atómica, Japón se limpió las lágrimas, trabajó duro y es potencia mundial desde un archipiélago que no es ni la quinta parte de Latinoamérica.
    Aquí en la época precolombina no era el paraíso, la misma Europa fue tratada con crueldad por el imperio romano y así a sido el gobierno del hombre por el hombre,CRUEL

  7. fernando
    Hace 13 años

    Maduro no está hablando de odio a los españoles, sino de odio al genocidio del que fuimos objeto. No todos los españoles de hace 500 años se beneficiaron del saqueo y genocidio en América. No todos los españoles se identifican con los crímenes durante la colonia, y como ejemplo tenemos a Gaspar García Laviana, que no solo era español, sino también sacerdote, y sin embargo murió por ayudarnos a mejorar nuestra situación. Como él hay muchos.
    ¡Gloria eterna para él!

  8. xolotl
    Hace 13 años

    Suerte la de Menchu y Evo. Los iberos estan retiraditos.

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