Los niños que no asisten a la escuela y dejan clases, al punto de repetir uno o más grados, son más vulnerables a convertirse en trabajadores. LA PRENSA/ ARCHIVO

Del aula salen para el trabajo

Para ser un niño trabajador no solo se necesita ser pobre, también la reprobación y el rezago escolar llegan a convertir, a corto y mediano plazo, a los estudiantes en niños trabajadores.

Jeniffer Castillo Bermúdez

Para ser un niño trabajador no solo se necesita ser pobre, también la reprobación y el rezago escolar llegan a convertir, a corto y mediano plazo, a los estudiantes en niños trabajadores.

[doap_box title=»Una tarea muy difícil» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Conseguir que los padres de familia, principalmente en las zonas rurales, envíen a sus hijos a la escuela es la tarea más difícil para reducir el trabajo infantil, asegura Álvaro Jarquín, coordinador del proyecto Primero Aprendo, en Nicaragua. La última encuesta nacional sobre trabajo infantil y adolescentes se realizó en 2005 y reveló que 13.2 por ciento del total de la población entre 10 y 17 años estaba trabajando activamente. El Ieepp insiste en actualizar la información sobre la niñez trabajadora.

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“Hay niños que al ir repitiendo y repitiendo grados terminan abandonando la escuela y los padres, que no siempre hacen que sus hijos vayan a la escuela, los mandan a trabajar”, apunta Álvaro Jarquín, coordinador del proyecto Primero Aprendo, en Nicaragua.

En el país, uno de cada cuatro niños y adolescentes de entre 10 y 16 años trabaja, según la Encuesta Continua de Hogares aplicada por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide).

En las zonas rurales del país es donde está la mayoría de niños trabajadores, según el Inide; ahí radica el 59 por ciento de la niñez que se matriculó en la educación primaria en el 2012, según los datos del Ministerio de Educación (Mined).

Según el estudio Efectos del Trabajo Infantil en la Educación Rural en Nicaragua, del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), solo el 29 por ciento de los estudiantes de primaria del área rural la cursa en la edad establecida. El resto presenta dos y más años de rezago.

“En el campo hay niños de 5 años que ya ayudan a trabajar a sus padres. El papá está allá arriba cortando (café) y el niño está recogiendo los granos que se le caen (fuera de la canasta)”, expone Jarquín.

En Jinotega, el proyecto Primero Aprendo, ejecutado por Cáritas de Nicaragua, ha conseguido que 375 niños de diez comunidades rurales ingresen oportunamente a la escuela y permanezcan dentro de las aulas.

Para esto, disponen de diez maestros facilitadores que fueron preparados para atender a niños en riesgo de abandono escolar. Cáritas, además, entrega a estos estudiantes paquetes escolares, mochilas y uniformes. Esto lo hacen dos veces al año.

Jarquín asegura que estos 375 niños reciben desayuno y almuerzo en la escuela.

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COMENTARIOS

  1. José Salazar
    Hace 13 años

    La educación es la calve para salir del subdesarrollo. Solo las dictaduras no invierten en educación porque entre más burro el pueblo mejor para reafirmar su continuidad en el poder. Ya sabés…por unas gallinas, unas latas de zinc y/ o una vaca, los ignorantes siguen votando por «tanta» ayuda. Nicaragua va a la Dictadura a pasos agigantados.

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