La guerra es sinónimo de dolor, de llanto y desolación. Quien no la conoce la invoca. En Nicaragua es el factor de nuestros atrasos y nuestras distancias, de nuestra pobreza y resentimientos. Sin embargo, hay quienes sin aprender la lección se entusiasman con la existencia de unos rearmados a los que algunos consagran de “libertadores”.
El tema está de moda. Algunos obispos católicos lo vienen repitiendo tiempo atrás y a gritos demandan atención al fenómeno. La respuesta oficial ha sido que se trata de bandas delictivas mientras para un reducto ínfimo, focalizado en Miami y haciéndose expresar en las redes sociales, estos son los nuevos “salvadores”.
Para estos últimos la tesis es que los ciclos de la historia se repiten y así como a Sandino le decían bandolero, a los del frente comunistas, a la contra mercenarios y a los actuales “rearmados” delincuentes, de la misma forma la causa generará efectos o sea que sí o sí está a la vista, a mediano o largo plazo, el cambio o derrocamiento de un nuevo gobierno por la boca del fusil.
Para los que tenemos vocación de paz, porque conocemos los efectos de la guerra, nos preocupa que la frustración de nuestra llamada “oposición”, por no encontrar espacios de aceptación en un electorado que les rechaza por su persistente división, la lleve a abrazar la idea de soluciones violentas a situaciones que deben ser dilucidadas en el ámbito de la razón y del debate.
La guerra es el resultado de condiciones políticas y nunca de decretos o caprichos. Aquí se habla erróneamente de dictadura como si las cárceles estuviesen llenas de prisioneros políticos; como si hubiese censura y los medios de comunicación no existieran; como si los asesinatos fueran la orden del día; como si una diáspora incontenible atravesara a diario nuestras fronteras exhibiéndonos en un permanente camino al exilio y nada de eso existe.
Pienso que el gobierno debe indagar sobre el porqué se dice que hay rearmados. Si los hay es necesario determinar sus causas porque de la misma manera que puede haber abuso de autoridad de uniformados del Ejército y la Policía, que validen la defensa de la vida de quienes puedan sentirse amenazados, también podríamos estar frente a bandas involucradas con los cárteles de la droga que son las que podrían tener la capacidad económica para avituallar a esos grupos que a la hora de actuar lo hacen como despiadados carniceros que atormentan naciones enteras y hacia el norte con México y hacia el sur con Colombia tenemos referencias muy cercanas.
Si la causa fuera el abuso de autoridad el presidente de la República debe tomar cartas en el asunto y ponerle fin para calmar a la politiquería que lanza a muchachos a morir y que se enmontañan sin respaldo social, sin recursos, sin estructuras y sin esperanzas, porque además de las ventajas tecnológicas con las que cuenta el Ejército para acabarlos, tienen en contra a la inmensa mayoría de los nicaragüense viendo hacia el futuro tratando de dejar la guerra en la historia que ya fue escrita con la sangre de miles y miles de inocentes de todos los signos.
La guerra, la contienda y el enfrentamiento nos han mantenido postrados. Hoy puede haber muchas cosas que no nos gusten de la actual administración pero el diálogo y el debate de las ideas deben ser el mecanismo único para solucionar nuestras diferencias con racionalidad y con espíritu de objetividad frente a la realidad política que tenemos. No podemos maquillar la incapacidad de nuestra llamada “oposición” gritando dictadura donde no hay. Eso más bien deja en ridículo a los adversarios de Ortega que cuenta con una abrumadora simpatía y apoyo que se refleja en las diferentes encuestas que se han realizado.
En consecuencia el mensaje para aquellos que apenas alcanzan juntos el 9 por ciento en las preferencias del electorado es que al FSLN solo se le podrá vencer con la inteligencia y la razón pero nunca con lo que las gallinas ponen y para que eso pase primero deben unirse, quitarse los apellidos, dejarse de insultar y fundamentalmente tolerarse porque todos suman y nadie sobra.
El autor es periodista y liberal.
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