Tres años después de la muerte del expresidente argentino Néstor Kirchner (2003-2007), su partido afronta el reto de mantener su hegemonía en las elecciones de mañana, con su esposa y sucesora, Cristina Fernández, quien está retirada de la escena política.
592,344 argentinos de entre 16 y 17 años están habilitados para votar de forma optativa, no así las personas entre 18 y 70 años cuyo sufragio es obligatorio. Cristina Fernández deberá presentar un informe médico que avale su imposibilidad de ejercer el voto.
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El oficialismo se asoma al “inicio del fin de ciclo”, con una demanda social de cambio expresada en las urnas, según el analista Jorge Arias.
Sin una sucesión definida y con importantes desafíos económicos, Fernández afronta dos difíciles años de gestión.
“En las primarias, el oficialismo obtuvo el 26 por ciento, el peor resultado de un gobierno en 30 años. Sin embargo, al mismo tiempo, el Congreso dio al Ejecutivo la mayor delegación de poder en 30 años, la prórroga de la ley de emergencia económica hasta finales de 2015”, indicó Rosendo Fraga, de la consultora Nueva Mayoría.
A su juicio, gracias a esta norma que permite disponer libremente de partidas presupuestarias y aun cuando pierda el control del Parlamento, el oficialismo no sufrirá “ninguna crisis de gobernabilidad”.
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Fallecido el 27 de octubre de 2010 de un infarto, su muerte sacudió al país y cambió por completo el panorama político de Argentina. “Kirchner vive en el pueblo”, reza el eslogan de un vídeo difundido por la Presidencia de la nación en estos días, en el que actores, cantantes, líderes sociales y ciudadanos anónimos prestan su voz para rendir homenaje al expresidente.
Este vídeo es uno de los pocos tributos del oficialismo a su líder dado que el aniversario de su muerte coincide con los comicios legislativos y la ley prohíbe cualquier tipo de acto que pueda considerarse propaganda política durante la veda electoral.
La cita de hoy recuerda a las legislativas de 2009, en las que Kirchner encabezó la lista de diputados del gobernante Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito electoral del país y, contra todo pronóstico, resultó segundo, todo un varapalo para el oficialismo.
Ese año, las urnas le pasaron factura por el grave conflicto que enfrentó al Ejecutivo con las poderosas patronales agrarias y por un estilo de gobernar que le creó más enemigos que aliados.
Un año después, su muerte, de un paro cardíaco cuando descansaba en su residencia particular de la sureña villa turística de El Calafate junto a su esposa, alteró la vida política.
Kirchner, considerado el auténtico presidente en la sombra, con un peso fundamental en el peronismo y entre los gobernadores, dejó un vacío que hizo temer a algunos por la propia gobernabilidad del país.
Su esposa y sucesora supo sobreponerse y en pocos meses la imagen de su Gobierno recuperó varios puntos. Fernández decidió ir por la reelección en las presidenciales de octubre de 2011, y logró un impactante 54 por ciento de los votos.
La presidenta concentró la toma de decisiones en un limitado círculo de hombres de confianza y radicalizó el rumbo del gobierno hasta que su imagen positiva se fue diluyendo por medidas impopulares, como el cepo cambiario o la polémica reforma judicial.
El oficialismo llegó así a las primarias de agosto tras populosas manifestaciones de protestas en las calles de los principales centros urbanos, donde, precisamente tuvo un magro desempeño electoral.
Para estos comicios, Fernández se había puesto al hombro la campaña, consciente de que era decisiva para dibujar el mapa político y decidir su futuro. Pero el 8 de octubre se sometió a una cirugía por un hematoma craneal, cuya recuperación la mantendrá alejada de la política hasta inicios de noviembre.
El oficialismo se asoma al “inicio del fin de ciclo”, con una demanda social de cambio expresada en las urnas, según el analista Jorge Arias.
Sin una sucesión definida y con importantes desafíos económicos, Fernández afronta dos difíciles años de gestión. “En las primarias, el oficialismo obtuvo el 26 por ciento, el peor resultado de un gobierno en 30 años. Sin embargo, al mismo tiempo, el Congreso dio al Ejecutivo la mayor delegación de poder en 30 años, la prórroga de la ley de emergencia económica hasta finales de 2015”, indicó Rosendo Fraga, de la consultora Nueva Mayoría. A su juicio, gracias a esta norma que permite disponer libremente de partidas presupuestarias y aun cuando pierda el control del Parlamento, el oficialismo no sufrirá “ninguna crisis de gobernabilidad”.
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