Una flota inglesa compuesta por 186 naves de guerra, 2,000 cañones y 23,600 hombres, entre ellos 3,255 colonos norteamericanos (yanquis), atacó entre marzo y abril de 1741 a la ciudad portuaria de Cartagena de Indias, una de las plazas españolas más importantes; con esta gran ofensiva Inglaterra esperaba cortar el Imperio Español y hacerse dueño del mismo.
Defendía la ciudad el general Blas de Lezo llamado el medio hombre por haber perdido una pierna, un brazo y un ojo en diferentes batallas en defensa de España; las fuerzas españolas eran 6,000 hombres, 990 cañones y seis naves.
Tan seguros se mostraban los ingleses de su triunfo que habían hecho imprimir monedas en que aparecía el almirante Vernon, comandante de las fuerzas inglesas, con un general Lezo rindiéndose de rodillas y con la frase “la arrogancia española vencida por el almirante Vernon”. Al final, los ingleses fueron derrotados por la estrategia militar y la tenacidad del general Lezo, las que dieron ánimos a las fuerzas españolas y a los vecinos de la ciudad para presentar una tenaz resistencia.
Para dimensionar la magnitud de la invasión, cabe señalar que la flota comandada por Vernon era más grande que la “Armada Invencible” de Felipe II contra Inglaterra. Aquella se constituyó en una de las colosales derrotas de la historia inglesa.
Entre los oficiales yanquis se encontraba Lawrence Washington, medio hermano del futuro presidente George Washington; Lawrence sirvió en la nave capitana del almirante Vernon y fue uno de los afortunados 147 sobrevivientes de los 3,255 hombres que componían el “American Regiment”.
Valga un detalle, Lawrence puso a la hacienda familiar el nombre de Mount Vernon en honor a su comandante, la propiedad pasó luego a manos de George Washington, en la cual se encuentra sepultado el primer presidente de los Estados Unidos; el sitio es hoy un monumento nacional de los Estados Unidos. Hilos de la madeja de la historia.
Pues bien, otro de esos hilos nos lleva a don Joseph de Herrera y Sotomayor, teniente y capitán del Batallón Fijo de Cartagena, quien sirvió y montó la artillería en el Castillo Grande y en la defensa de Boca Chica, bajo las órdenes del general Lezo, en aquella memorable derrota del invasor inglés en 1741. Don Joseph, padre de nuestra heroína nacional, Rafaela Herrera, fue nombrado en 1753, comandante del Castillo en el Río San Juan, en cuyo ejercicio fallece.
Y es en esta circunstancia que acontece el episodio de la participación de Rafaela Herrera en la defensa del Castillo de la Inmaculada Concepción, durante otra invasión inglesa derrotada, la de 1762 contra la Provincia de Nicaragua.
Hazaña fuertemente arraigada en el imaginario patriótico nacional y que ha contribuido a realzar el papel de la mujer en la construcción de la nicaraguanidad. Como ha sido demostrado documentalmente por acreditados historiadores nicaragüenses como Jorge Eduardo Arellano y Carlos Molina Argüello, el hecho efectivamente aconteció.
A la muerte del comandante del Castillo, asume el mando el Alférez, don Juan de Aguilar y Santa Cruz, de quien Rafaela solicita y obtiene licencia para disparar un cañonazo al campamento enemigo, “con tanto acierto que de los muchos enemigos que estaban juntos se vieron salir corriendo pocos”.
Si hoy tenemos el sentido de una amplia comunidad cultural hispanoamericana de 19 naciones, que nos da identidad en un mundo global, se debe en parte a las heroicas acciones de hispanos como el general Blas de Lezo y la niña Rafaela.
Hechos históricos generadores de lo que hoy somos y merecedores de reconocimientos en sus contextos de época. El autor es psicÓlogo.
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