Pedro J. Chamorro B.
La entidad estatal Pro Nicaragua, por medio del promotor de inversiones Laureano Ortega, hijo del presidente Ortega y de doña Rosario Murillo, giró invitación con gastos pagados (full beca) a un nutrido grupo de empresarios privados y a los jefes de las bancadas parlamentarias del FSLN y la BDN para que visitaran a Wang Jing en China Popular.
Quizás este “peregrinaje” al Oriente, la nueva meca mundial de los negocios, sea con el propósito de comprometer de alguna manera al sector privado a que apoye el proyecto del Gran Canal que ha ofrecido hacer, tan apresuradamente como le aprobaron la entreguista Ley 840, el nuevo “Rey Midas” chino, tan violatoria de la Constitución, que ahora se aprestan a reformarla para “adecuarla” a la nociva concesión canalera, que tiene una “colección” récord de 32 recursos de inconstitucionalidad.
Si este viaje lo está financiando el Gobierno, a como le financiaron los viajes en helicópteros del Ejército de Nicaragua a los primeros técnicos que vinieron a hacer los estudios de factibilidad del Gran Canal, constituye una desviación de fondos o mejor dicho malversación, a la vista de todos.
No puede y no debe el Gobierno utilizar recursos públicos para financiar actividades privadas, sea incluso el novel inversionista Wang Jing, quien con su poder de persuasión ya tiene mareados con su flauta a funcionarios del Gobierno del más alto nivel, para quienes lo que diga o quiera Wang Jing esta escrito en piedra.
Los empresarios privados nicas no levantarán un solo centavo de los 40,000 millones de dólares que es el precio de etiqueta del Gran Canal, aunque podría ser mucho más, pero nunca mucho menos. Ellos aprovecharán y están en todo su derecho, la oportunidad de viajar tan lejos y tantos días, a un país con una economía pujante para adelantar sus propios negocios.
El propósito propagandístico de este “peregrinaje canalero hacia Pekín” quedó al descubierto cuando pocas horas antes de abordar el primer avión de la ruta, el diputado Luis Callejas, jefe de la Bancada Democrática Nicaragüense, fue “desinvitado”.
Este cambio repentino, podría especularse, se debió a que no querían dentro de la delegación una voz independiente que pudiera cuestionar al genio de Wang Jing y manifestarle en forma meridiana la posición de la oposición política nicaragüense, tanto verbalmente, como dejando una constancia escrita que en efecto Callejas llevaba, con la firma de todos los diputados de la Bancada Democrática Nicaragüense, para entregársela personalmente al señor Jing, en la primera oportunidad.
¿Cuánto costó este viaje o peregrinaje “full beca”? ¿Quién lo financió? ¿Qué resultados tangibles va a dejar? ¿Podrán los empresarios constatar de manera independiente la seriedad de este proyecto tan cuestionado y sobre todo la capacidad financiera que tiene su promotor Wang Jing de llevarlo a cabo?
Son preguntas muy pertinentes porque no se trata de un gasto despreciable, sino de un gasto enorme con fines propagandísticos como muchos otros gastos de propaganda que realiza el Gobierno en su derroche publicitario.
Son preguntas que debería de responder la Contraloría General de la República. El autor es diputado de la Bancada Democrática Nicaragüense.