Martha Solano Martínez
Septiembre fue decisivo para el Programa Mundial de Alimentos (PMA), que junto a una compañía que trabaja en la industria global de pagos, ejecutaron un proyecto piloto para repartir tarjetas electrónicas a dos mil familias sirias refugiadas en Líbano para adquirir alimentos en tiendas locales.
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Con la guerra civil en Siria, la producción de granos ha disminuido, el precio de los alimentos ha aumentado en 300 por ciento. Al llegar a los territorios vecinos, la capacidad adquisitiva de los refugiados es casi nula, sumado a la falta de seguridad y los constantes ataques bélicos.
“Cada mes las familias recibirán una tarjeta cargada con 27 dólares por persona, que se pueden canjear por una lista de productos en las tiendas locales, incluyendo alimentos frescos que no se incluyen normalmente en las raciones”, explicó el PMA a través de una nota de prensa.
En un inicio, el proyecto cubrió las necesidades de diez mil personas en Nabatiye (Libano), pero a finales de este año alcanzará a más de 800 mil refugiados en Líbano. La meta de 2013 es alimentar a siete millones de personas en zonas controladas por el gobierno de Bashar Al Asad y los rebeldes y 2.4 millones de refugiados en países vecinos.
El coordinador regional de emergencia del PMA para Siria, Muhannad Hadi, manifestó en Ginebra que en julio ocho camiones habían sido rechazados por los puestos de control sirios. “Por ahora no hay una solución humanitaria para la crisis en Siria, pero tenemos que continuar nuestro trabajo”.
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