Independientemente de que las lectoras de tarjetas tienen sus fallas y que los lugares habilitados para realizar recargas son insuficientes, hay algo que los señores del Instituto Regulador del Transporte Municipal de Managua (Irtramma), del Gobierno central y por supuesto los dueños de la concesión conocida como MPeso no quieren admitir. Y es que los usuarios del transporte público de la capital viven al otro lado del muro. Es decir, que están muy lejos de recibir los beneficios de la bonanza de nuestra macroeconomía, que con tanta algarabía anuncian y festejan tanto el gobierno como los banqueros. Permítanme explicarlo, el invento de la tarjeta electrónica conocida como MPeso tiene tres aristas y ninguna de ellas tiene que ver con los usuarios.
Para el Gobierno es una forma de controlar los ingresos de las cooperativas y poder cobrar el costo de las unidades que se les facilitaron, para la empresa del banquero Montealegre es una oportunidad de oro de hacerse de unos cuantos millones por administrar un sistema que en números lucía súper rentable, pero que al ponerlo en práctica se estrella con la realidad en la cual vive más del setenta por ciento de la población. Realidad que no es otra que la falta de empleos y la paupérrima situación en que sobreviven los usuarios del transporte público. Dicho de otra manera, el pueblo no tiene el dinero necesario para comprar una recarga para un mes de transporte, ni para una semana, sino que en su gran mayoría se rebuscan a diario los dos córdobas con cincuenta centavos que vale el pasaje, pidiendo a Dios conseguir con amigos o familiares los otros dos cincuenta para el regreso a sus hogares. Esto hace inviable desde todo punto de vista la tarjeta recargable que los señores de MPeso en algún momento quisieron vender en cincuenta córdobas.
Si la macroeconomía de nuestro pueblo no da para que una familia promedio de cuatro o cinco personas, tenga suficiente dinero para poder hacer una recarga familiar de quinientos córdobas, cosa que aliviaría colas, llegadas tardes al colegio o trabajo. Es hora de hacer un alto en el camino y no solo revisar la viabilidad de dicha tarjeta, sino que también revisar al Gobierno en su totalidad. A mi juicio la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande y si no hay para recargar la tarjeta, pueden apostar que tampoco hay para recargar el estómago. Manuel Guillén, ese fenomenal caricaturista de LA PRENSA que creó la figura del muro de Fermín, retrata de forma magistral la realidad de nuestro pueblo cuando lo dividió en dos.
Personalmente considero que la solución al fracaso de las tarjetas recargables son las tarjetas desechables. Es decir las que se puedan comprar ya sea en cinco, diez o veinte córdobas y que tengan a su vez una distribución masiva acorde a la cantidad de usuarios diarios del transporte público. Solo así podrá sobrevivir el invento de las tarjetas, en cuanto a lo que MPeso dejó al descubierto. Esa es tarea del Gobierno tomarlo en cuenta, de lo contrario en las elecciones del dos mil dieciséis si es que las hay, el FSLN podría tener una sorpresa parecida a la de mil novecientos noventa.
El autor fue comandante de la Resistencia Nicaragüense y actualmente es miembro del PLI.
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