Chester Membreño Palacios
El cristianismo brotó del tronco de la piadosa religión antigua testamentaria hebrea, y la antigua comunidad de naciones hebrea —antes de la era de los reyes— fue una sociedad libertaria en la historia de la humanidad. El cristianismo heredó de la fe judeocristiana occidental la creencia fundamental y básica en el Dios soberano y trascendente quien permanece por encima de todo y quien juzga a toda la humanidad, incluyendo sus sistemas de gobierno civil. El orden político jamás es el último peldaño.
El cristianismo hizo añicos la unidad del antiguo mundo pagano, que tenía como fuente de unidad al Estado, usualmente identificado con la sociedad misma, a la cabeza del cual se encontraba un “gran jerarca político”; un rey o emperador, que se pensaba que era un dios o un semidiós. La unidad del mundo pagano antiguo consistía en la divinización de poder temporal en la forma del Estado. El cristianismo por su lado, reconocía a “otro rey” y expresaban con mucha convicción que ninguna autoridad terrenal, especialmente la política, podía ser la última, la autoridad de Dios es la última palabra.
Al clarificar la cristología ortodoxa, el Concilio de Calcedonia, estableció el fundamento para la libertad occidental. Solamente Cristo Jesús es tanto divino y humano, totalmente Dios y totalmente hombre, el único nexo entre el cielo y la tierra. Él es el único mediador divino-humano. Esta decisión repudiaba dramáticamente toda divinización del orden temporal. Ningún Estado, ni iglesia, ni familia, ni hombre podía ser Dios o similar a Dios. Los primeros cristianos fueron cruelmente perseguidos no porque adoraran a Jesucristo, sino porque rehusaban adorar al emperador romano.
En el mundo medieval la Iglesia latina se volvió una fuerza compensadora, las cruzadas de los reyes católicos nos libraron del oprobio del totalitarismo musulmán. Lord Acton estaba en lo correcto al sugerir que la práctica de la libertad política en el occidente surgió mayormente del conflicto entre esta Iglesia medieval y el Estado. De esta forma el mundo medieval disfrutó de alguna medida de libertad, al fomentar instituciones humanas reclamaban alianza formal por parte de los hombres: la Iglesia, la familia, el gremio, el señor feudal, etc. Esto significaba que el Estado tenía que compartir su autoridad con otras instituciones humanas igualmente legítimas.
Las limitaciones constitucionales sobre el poder político, de la cual surgió la práctica de las democracias constitucionales de los siglos XVIII y XIX, iniciaron en la Inglaterra cristiana con la Carta Magna. Inglaterra también dirigió el primer asalto exitoso contra la doctrina malvada de los derechos divinos de los reyes, durante la revolución puritana del siglo XVII, que junto a la revolución de William y Mary en 1688-1689 y la fundación de los Estados Unidos de América actuaron sobre premisas totalmente cristianas.
Hoy, Occidente es oprimido bajo la violencia del hedonismo, el aborto, la manipulación de células madres, la eutanasia, los vicios y el azote del homosexualismo; que junto a la coerción del lastre socialista y el terrorismo fundamentalista, más las injusticias del materialismo exacerbado, son tiranías todas resultado directo del abandono de la sociedad al cristianismo bíblico.
El autor es abogado y notario público. Bautista Laico.