El libro de Eddy Kühl, último que hasta la fecha ha publicado: Memorias y andanzas de un matagalpa, ha despertado en mí muchos recuerdos y comparaciones.
Si nos pudiéramos abstraer —como haría un filósofo clásico— de las circunstancias, nos daríamos cuenta que Eddy Kühl Arauz ha sido un paisano inquieto en la interpretación de su medio cultural.
Las diferentes y magníficas publicaciones de este autor son prueba de la búsqueda de las raíces culturales del norte de Nicaragua. Y no solo eso, el autor también ha incursionado en la investigación científica y ha obtenido resultados dignos de admirarse como es la invención que él patentizó internacionalmente, con el nombre de “Nicapanel”, sistema que revolucionó las construcciones en este país después del terremoto.
En su propiedad Selva Negra, el 65 por ciento de una extensión de 1,600 acres es selva virgen; allí, fauna y flora conservan sus hábitats, y solo el 35 por ciento constituye el área de la finca más diversificada de Centroamérica. En esta no se usan los pesticidas, los abonos son orgánicos y la energía es limpia porque proviene de paneles solares y de una planta hidroeléctrica, así como el combustible no proviene del bosque, sino del biodigestor.
La polivalencia del autor nos ofrece sus quehaceres: ingeniero constructor, cafetalero, cultor de orquídeas y otras flores, investigador de cultura y autor de numerosos libros, así como el amigo franco, el diplomático y político incorruptible, el hombre de valores y virtudes; él es como el diamante que no se deja contaminar fácilmente, transparente como el agua de las montañas del norte, poliédrico por su sólida estructura interna, buen conductor de la amistad como aquella piedra preciosa que dispersa los rayos luminosos para aumentar la luz, este Eddy Kühl Arauz, gran señor, a quien no se le suben los humos porque es accesible para ricos y pobres, es como el Diamante del Septentrión.
DE TAL PALO TAL ASTILLA
Eddy Kühl es el menor de cuatro hermanos, nació en el mes de julio de 1940, la hermana mayor es Nora, a esta le sigue Maruca y él sigue a Klaus, el guerrillero a quien marcaron las balas el mismo día que Carlos Fonseca fue herido gravemente en un pulmón en El Chaparral. Klaus escapó herido por las montañas y Carlos fue llevado a un hospital de Honduras por estudiantes de este país.
Los cuatro hermanos eran hijos por línea paterna de Klaus Kühl Baldizón, nietos de Otto Kühl von DerFech y de Meta Baldizón, bisnietos de Katharina von DerFech, de Matías Baldizón Morales y de Demetria Molina Zeledón; por línea materna, eran hijos de Soledad Arauz Ramírez, nietos de Matilde Ramón Arauz Cantarero y de Josefa Ramírez Zeledón, bisnietos de Sebastián Ramírez y de Valentina Zeledón.
Estos hermanos son parientes muy cercanos de César Amador Kühl y de todos los Amador que descienden de Francisco Amador Pineda, de los descendientes de Papa Beto, cronista de Managua, y Rosenda Baldizón, de Carlos Fonseca Amador y de Blanca Arauz, la esposa del General.
De esta genealogía, de esta savia de montaña, de esta gente aguerrida, de estos ancestros disciplinados, creativos e inventores como el famoso Papa Otto —que tecnificó en el norte de Nicaragua la producción del café— Eddy Kühl Arauz es una cepa representativa, émulo del honor, la nobleza y la inteligencia de sus ancestros.
EL ESTUDIANTE
Seguramente, a los lectores de esta obra les despertará curiosidad cuando descubran a un niño que inicia el aprendizaje de las primeras letras en Matagalpa, siendo literalmente un “pequeño montañés”; pues a este lo enferma la ciudad porque él estaba acostumbrado únicamente a escuchar los ruidos del viento que chilla entre las ramas de los árboles gigantescos y la tupida maleza de la montaña, el grito del congo cuando advierte peligro o pone orden a su manada, el serpenteo del río que baja entre las rocas, el canto y colorido de las aves. La ausencia de este ambiente en la ciudad lo enfermó y fue necesario devolverlo algún tiempo a su ambiente.
En el Colegio San Luis de Matagalpa, hizo los estudios de primaria, allí había estudiado su primo César Amador Kühl y allí estudiaban las familias pudientes de la ciudad y los hijos de finqueros y hacendados de los municipios y comarcas.
Cuando estaba en el Colegio San Luis, el autor empezó a usar pantalones largos —él cuenta— que los ruedos de estos eran muy grandes, lo cual permitía que la costurera los fuera bajando a medida que el usuario crecía. Asimismo, recuerda el autor que jugaba “Arriba la pelota” en el parque Morazán y que, cerca del cerro Los Congos, llegaban chavalos más grandes que ellos a elevar barriletes; entre estos recuerda a Julio Ruiz, Tomás Borge, Pepe Manzano, Salvador Mairena y su hermano Klaus, más tarde el guerrillero que participó en más combates que todos los que lucharon contra la dictadura de Somoza en las montañas del norte.
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El padre del autor era un año menor que José Coronel Urtecho. Estudió en la escuela pública de Matagalpa y, como allí no había escuela secundaria, el abuelo del autor, el famoso Papa Otto, le enseñó las técnicas del cultivo del café y los sistemas constructivos que él hacía en fincas como La Fundadora, Jigüina, Babilonia y La Hammonia. Su madre estudió en el colegio Francés de Granada, entre 1920 y 1924. Ambos progenitores fueron pródigos en cariño con sus hijos y, particularmente, con él, que era el cumiche. Visionarios del futuro, sus padres se empeñaron en ofrecer a sus hijos las mejores oportunidades de estudio y les inculcaron principios y valores propios de la tradición familiar. El ejemplo de los padres fue la mejor enseñanza para los hijos.
EN EL CENTRO AMÉRICA
En el Colegio Centro América de Granada, el autor hizo los estudios de secundaria que inició en 1954. Allí encontró al padre León Pallais, al padre Manuel Otaño y al hermano Meabe, un gran amigo de los niños del colegio durante el segundo medio siglo de la centuria que pasó. Narra el autor que en el colegio había siete alumnos matagalpas: Iván Amador Arrieta, Noel Amador Mayorga (Picardía), René Escoto Galeano (Chitún), Edgard Argüello Pravia (Gando), Francisco Valenzuela (Chojín), Francisco Molina Oliú y el autor.
En el Colegio Centro América, Eddy Kühl perteneció a la banda de guerra y se distinguió por ser el jefe de clarines, solicitado en una ocasión por la Guardia Nacional, por su destreza en la trompeta, para realizar el saludo a la bandera una vez que se enfermó el cornetista de la Guardia. Dos matagalpas brillaban en aquella famosa banda de guerra del Colegio Centro América: el jefe de clarines que era él y el palillón que lo manejaba como un magnífico prestidigitador, Simeón Rizo Castellón, ya desde entonces admirado por las muchachas de Granada y también por las de Jinotega y Matagalpa.
A Estados Unidos, el autor de esta obra llegó en 1959, porque una de sus ambiciones era estudiar Arquitectura, pues se consideraba bueno en el dibujo y le habían ofrecido una beca en la Universidad Iberoamericana de México, donde no tenían la carrera y por eso viajó al país del norte. Lo primero que hizo fue estudiar la lengua de aquel país, en una escuela de inglés, durante cinco meses. La escuela estaba en el centro de Los Ángeles; después se inscribió en Arquitectura en el East Los Ángeles Community College. Cuenta el autor que, cuando él le dijo al consejero del college que quería estudiar Arquitectura, este le preguntó de qué país era y él le respondió, en inglés deficiente: de Nicaragua. Pero el académico entendió que Kühl era de Nigeria.
En la universidad, Eddy Kühl fue muy popular entre las muchachas y, gracias a ellas, vino a ser el presidente de los estudiantes extranjeros. Finalizado el college, debía continuar los estudios en una universidad más grande, pero entonces ocurrieron muchos conflictos internacionales: crisis de los misiles en Cuba, la amenaza de una guerra con la URSS, alto costo de la vida , que preocuparon a don Klaus, padre de Eddy. Aquel pidió que este regresara a Nicaragua a la vez que le aseguraba que los jesuitas habían abierto una nueva universidad en Managua, donde él podría continuar los estudios.
Eddy regresó por tierra manejando el vehículo de una norteamericana que venía a Managua con sus cuatro hijos. Este relato los lectores lo disfrutarán.
De 1961 a 1966, Kühl es estudiante de ingeniería en la UCA. Paralelo a sus estudios, inicia una intensa vida participativa en los movimientos estudiantiles marcados por la política. Viaja a Costa Rica, El Salvador y Guatemala. Cada vez se concientiza más de la necesidad de botar al dictador y no solo se mantiene en el nivel teórico, sino que pasa al compromiso de las acciones encubiertas.
Por la escasa información que el autor ofrece en sus memorias sobre los planes de estudio, las exigencias de los catedráticos y de sus logros en el quehacer universitario, se puede entrever que él no era un estudiante apasionado de los primeros lugares, sino un joven comprometido con algo más integral: el cambio social, la renovación del Estado y el establecimiento de una sociedad más justa.
EL PROFESIONAL
Las memorias de Eddy Kühl ya se han convertido en una obra importante para conocer la historia de las ingenierías en Nicaragua, a la vez que ofrecen datos importantes sobre la construcción de edificios emblemáticos y complejos habitacionales de Managua.
Entre los primeros figuran el Teatro Nacional Rubén Darío, del cual el autor fue supervisor, apenas recién graduado de ingeniero civil, y entre los segundos, la colonia Ciudad Jardín. De ambas construcciones Kühl Arauz nos presenta información prolija y significativa. Es encomiable cómo el autor ha podido guardar información detallada sobre los ingenieros y arquitectos nicaragüenses de los años sesenta y setenta; pero Kühl Arauz no se conforma con ser un ingeniero joven y destacado en el ejercicio profesional, lucha y se empeña en montar su propia empresa constructora. Estructuras Kühl, S.A. fue su primera empresa a partir de 1969.
A finales de 1970, la empresa constructora del autor no era la más grande, pero sí una institución de prestigio nacional que había inventado y patentizado un sistema novedoso y económico en el campo de las construcciones. Gerente de esta empresa fue el ingeniero César Amador Molina, quien fue asesinado por la Guardia Nacional el 9 de septiembre del mismo año. El autor tuvo que salir para Costa Rica urgentemente con su familia días después y dejó abandonadas sus empresas. Selva Negra ya había sido adquirida por el autor y la esposa de este. En el ejercicio de la profesión de la ingeniería civil y como empresario, Eddy Kühl ha grabado para siempre su nombre y nadie que sea acucioso y objetivo podría omitir su calidad y éxito profesional.
EL ESCRITOR Y CRONISTA
Los numerosos libros de Eddy Kühl Arauz nos hablan de un escritor atento a los acontecimientos nacionales e internacionales. Nos describen a un investigador de su entorno y preocupado de la etiología de nuestra cultura, a un cronista de sus viajes al interior del país, realizando rutas históricas que efectuaron investigadores, guerreros y exploradores, a un viajero que visita todo el continente, norte, centro, Caribe y sur. Y no solo el continente, sino también Europa, que la recorre en carro acompañado de su esposa, quien siempre lo complace y secunda.
Memorias y andanzas de un matagalpa es un libro de contenido variado, escrito con la velocidad de la memoria que adelanta y retrocede las imágenes para sugerir, fijar detalles y dar movimiento propio a los personajes; es la recordación de quienes interactuaron con el autor en el colegio, en la universidad, en las empresas, en visitas turísticas y diplomáticas.
Resulta que Kühl Arauz, personaje sencillo, amable y campechano, ha sabido departir no solo con los matagalpas —y él tiene sus propias razones para usar este gentilicio, en vez de matagalpinos— sino también con los nicaragüenses de todos los estratos sociales. Yo diría que él tiene el don de la amistad.
No hay puerta que se le cierre y, si está cerrada, él tiene mil razones para convencer al guardián de la misma para que lo deje pasar, así pudo visitar lugares restringidos de las Torres Gemelas, obtener del gerente de COPA seis boletos para viajar a Costa Rica cuando todo los pasajes estaban vendidos y, en esta ocasión, también se hizo pasar como funcionario de esa aerolínea, porque si no, la Guardia le daba alcance. También pudo pasar el muro de Berlín, sin retroceder, cuando muchos le advertían que era peligroso porque, estando dentro de Alemania Democrática, lo podían dejar preso; además de este don de persuasión, el autor describe cómo conoció y trató a presidentes de Centroamérica, a John F. Kennedy, a la señora Jeane Kirkpatrick y su esposo, al presidente Mitterrand, al presidente Olof Palme, a Pabillón, el famoso fugitivo que escapó de una cárcel de alta seguridad.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B







