Aun cuando ganar un título divisional indiscutiblemente tiene méritos, no creo que sea sinónimo de grandeza.
Quizá por ello he tenido mis reservas sobre los Bravos. Dominaban en su sector y luego caían de bruces.
Entre 1991 y el 2005, capturaron la cima de su sector 14 veces, pero solo en 1995 ganaron la Serie Mundial.
No obstante, marcaron época, basados en su espectacular picheo, defensa cerrada y bateo oportuno.
Pero hasta ahí. Y quizá lo peor es que ahora sus rivales son los Dodgers, un equipo con cara de campeones.
No significa que la tropa de Los Ángeles sea invulnerable, pero parece demasiado para el club de Atlanta.
Después de varios intentos, los Dodgers lograron articular su equipo y su equilibrio debe llevarlos largo.
El fundamento es su picheo. Clayton Kershaw y Zack Greinke forman el mejor 1-2 del beisbol actual.
Kershaw tuvo 16-9 y 1.83. Desde el 2000, no se miraba una efectividad así, más 232 ponches en 236 innings.
Greinke logró 15-4 y 2.63. Y en sus últimas 16 salidas, lo hizo para 1.57, con 148 ponches en 177.2 entradas.
Los Dodgers, además de estos dos, tienen a Hyun Jin Ryu (14-8 y 3.00) y a Ricky Nolasco (8-3 y 3.52).
Atlanta tiene buenos lanzadores, pero no se aprecia un “as”, de esos que infunden temor en el contrario.
Quizá Kris Medlen (15-12 y 3.11) sea lo más próximo a un estelar. Cerró con 5-0 y 0.86 en sus últimos 6 juegos.
Atlanta tiene también un gran bullpen, liderado por Craig Kimbrell (50 salvados y 1.21) y Luis Avilán (1.52).
Pero los Dodgers tienen mucha pólvora y gran deseo de sacudirse tantos años de actuar como espectadores.
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