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“Cada paso hacia la meta requiere sacrificio, sufrimiento y lucha, más los esfuerzos incansables y la preocupación apasionada de los individuos dedicados”. Martin Luther King

La cultura de paz

A partir de la Independencia, y a pesar de que esta se logró en Centroamérica pacíficamente, casi “como un debate de intelectuales en un ateneo”, al decir de José Coronel Urtecho, inmediatamente después se desató la guerra civil, especialmente en Nicaragua. Desde entonces, todo quedó planteado en este terreno.

A partir de la Independencia, y a pesar de que esta se logró en Centroamérica pacíficamente, casi “como un debate de intelectuales en un ateneo”, al decir de José Coronel Urtecho, inmediatamente después se desató la guerra civil, especialmente en Nicaragua. Desde entonces, todo quedó planteado en este terreno.

“La historia misma —prosigue Coronel—, empezó a vivirse y a concebirse como guerra civil. En realidad, la historia escrita no ha consistido más que en la repetición de la historia vivida como guerra civil”. Este ha sido hasta ahora, desafortunadamente, el sentido de nuestra historia.

La conclusión que cabe extraer de estas reflexiones de José Coronel Urtecho es que entre nosotros ha predominado la cultura de la violencia. En consecuencia, el gran reto que tenemos todos los nicaragüenses es sustituir esa cultura de violencia por una auténtica cultura de paz.

20 AÑOS DE TRAYECTORIA

En ese empeño sobresale en Nicaragua la importante labor realizada, en sus veinte años de trayectoria, por el Instituto de Investigaciones y Acción Social Martin Luther King (IMLK) de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), fundado en 1993, en momentos en que Nicaragua recién salía de una confrontación fratricida que había devastado el país, arruinado su economía y dividido profundamente a la familia nicaragüense.

[doap_box title=”LA REVISTA Y SUS LOGROS” box_color=”#336699″ class=”aside-box”]

Sin lugar a dudas, la publicación más prestigiosa del Instituto es su emblemática revista Cultura de Paz que, ininterrumpidamente, lleva editadas, con toda regularidad, sesenta números a lo largo de 19 años. Esto, en nuestro medio, representa una auténtica hazaña editorial. Es una revista cuatrimestral cuyo primer número apareció en 1994 cuando la UNESCO recién había lanzado su Programa Internacional de Cultura de Paz. Fue la primera revista en el mundo que adoptó este nombre y que se comprometió con la difusión y construcción del concepto de Cultura de Paz. No es así extraño que, desde un principio, la revista haya contado con el apoyo entusiasta de la UNESCO, auspicio que aún mantiene, así como de la Fundación Internacional de Cultura de Paz, que dirige el profesor Federico Mayor Zaragoza, en Madrid. Cuenta con un Consejo Editorial y dos Consejos de Colaboradores, nacionales e internacionales.

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En tales circunstancias es que se funda el Instituto, por iniciativa de un equipo de profesores e investigadores de la Upoli, encabezados por Denis Torres, que se proponían “levantar, divulgar, diseminar y proponer la creación de un nuevo paradigma, recientemente promovido por la UNESCO, la Cultura de Paz”.

La obra realizada por el Instituto es multifacética y multidisciplinaria, pero cabe señalar que su conjunto está impregnado de un propósito principal: trabajar por la promoción en nuestra sociedad del paradigma de la Cultura de Paz, de suerte que logremos construir nuestro propio concepto de ella y arraigarla en la conciencia colectiva de los nicaragüenses, a tal grado que, progresivamente, sustituya la hasta ahora dominante cultura de violencia.

Por mi vinculación con la UNESCO, a partir de la segunda mitad de los años noventa, puedo dar fe que el Instituto fue la primera entidad que, a nivel mundial, diseñó un currículum para la enseñanza de la Cultura de Paz, algo que celebró con entusiasmo el entonces director general de la UNESCO, profesor Federico Mayor Zaragoza.

El Instituto lo diseñó para ser implementado por su Universidad sede, la Upoli, cuyas autoridades, entonces presididas por el rector Sergio Denis García, se identificaron de manera entusiasta con el paradigma de la Cultura de Paz desde un primer momento. De ahí que el Patronato de la Upoli decidiera incorporarlo como materia obligatoria al pensum de todas las carreras que se imparten en esta Alma Máter.

De esta suerte, en Nicaragua se dio, por primera vez en el mundo, la incorporación oficial de la docencia de la Cultura de Paz, al nivel de todas las licenciaturas que se ofrecen en una universidad.

Por haber sido el Instituto la institución pionera en el mundo en cuanto a la enseñanza de la Cultura de Paz, la UNESCO le otorgó un reconocimiento especial: la Medalla de Plata Mahatma Gandhi, conferida en 1996 al entonces rector, Lic. Sergio Denis García, y al director del Instituto, Lic. Denis Torres.

El currículo propuesto por el Instituto, con sus necesarias adaptaciones, fue luego acogido por universidades de siete países de América Latina. En Nicaragua se ha ido incorporando a la docencia de varias universidades, de manera gradual.

La iniciativa más exitosa del IMLK, a nivel mundial, ha sido la que formuló y promovió en el año 2007, logrando que el gobierno del entonces presidente Enrique Bolaños, la introdujera en la Asamblea General de las Naciones Unidas para que se declarara el año 2009 como “Año Internacional de la Reconciliación”, lo que finalmente se obtuvo.

El Instituto Martin Luther King es la entidad que en Nicaragua, y posiblemente en Centroamérica y América Latina, más ha contribuido al diseño, promoción y difusión del paradigma que la humanidad ha adoptado para el siglo XXI por medio de la Asamblea General de las Naciones Unidas: el paradigma de la Cultura de Paz.


COMENTARIOS

  1. Cultura de la Esperanza...
    Hace 9 años

    Bravo por el instituto Martin Luther King por promover a lo grande
    a travez de su ensenanza la Cultura de Paz!…y que a travez de el
    mensaje sublime del martir de las libertades sociales, aprendamos
    los nicaraguenses a reinventarnos con mas ahinco y determinacion,
    a salir de nuestra mediocridad incivilizada, que nos a mantenido cau
    tivos y sin atenuantes progresivos, para dignificar con verdadero pa
    triotismo lo que nos hace falta, para despertar del letargo amargo
    de nuestr histor nac

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