Mario Alfaro Alvarado
El ideario canalero iniciado en 1525, en tiempos de Felipe II, cuando en el Imperio Español nunca se ponía el sol, marcó en forma indeleble el destino histórico de Nicaragua. El ideario canalero ha permanecido desde entonces incidiendo con firmeza en la historia de Nicaragua. Aún en el III milenio de la historia occidental, aparece en el horizonte político de este país, la tentación de un “Gran Canal” por Nicaragua, aunque los estudios geológicos y geográficos confirmen la imposibilidad de construir un Canal Interoceánico a expensas del lago Cocibolca.
Este es un resumen histórico de los avatares que han incidido en la historia nacional, hasta en los tiempos actuales, aún cuando está demostrado, por una y otra vez, que el Canal Interoceánico arruinaría al Cocibolca, el segundo lago en tamaño e importancia en la América Latina, después del lago Titicaca.
En 1826, el Gobierno Federal de Centroamérica firmó un contrato canalero con una compañía de Nueva York y otros capitalistas. Sin embargo, estos no lograron reunir los cinco millones de dólares que estimaban necesarios para llevar a cabo la obra y la concesión caducó.
En 1849, el Gobierno de Costa Rica, por medio de su ministro Felipe Molina, otorgó un contrato a una compañía londinense para la construcción de un canal desde el Lago de Nicaragua hasta el golfo de Papagayo, aprovechando el curso del río Sapoá. Esto provocó un grave conflicto fronterizo entre ambos países centroamericanos.
En 1857, el 14 de julio el presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, firmó un contrato canalero con el súbdito británico Robert Clifford Wester, otorgándole concesiones en el istmo de Rivas, el Lago de Nicaragua y el río San Juan.
En 1879, Tomás Ayón, ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Nicaragua, celebró un contrato canalero con Arístides Blancher. El mismo año en que Fernando de Lesseps organizó en París un congreso internacional de científicos para evaluar las opciones de comunicar los dos océanos, Atlántico y Pacífico.
En 1880, el Gobierno de Nicaragua otorgó una concesión a una compañía norteamericana representada por Aniceto G. Menocal e integrada por diversas personalidades, entre ellas al expresidente Ulises Grant.
En 1898, Edward F. Gragin y Edward Eyre, empresarios norteamericanos obtuvieron del presidente Zelaya una concesión para la construcción de una vía interoceánica. Formaron la Interoceanic Canal Company, financiada por importantes capitalistas norteamericanos. Depositaron 100,000 dólares en el Ministerio de Hacienda de Nicaragua y se comprometieron a depositar 400,000 antes del 9 de agosto de 1900. No pudieron cumplir este requisito y perdieron el depósito inicial y la concesión fue declarada sin efecto. Esta fue la única ganancia monetaria que tuvo Nicaragua en estas aventuras canaleras.
1909. El presidente Zelaya nunca descartó la idea de construir el Canal y realizó algunos discretos sondeos con diplomáticos británicos y japoneses, para evaluar la disponibilidad de sus gobiernos a respaldar tal proyecto. Este desafía a la hegemonía continental de los Estados Unidos como potencia naciente en el continente, le costó el poder a Zelaya así como tres décadas de ocupación militar de Nicaragua.
Los Estados Unidos eran la naciente potencia mundial, su “mare nostrum” es el Mar Caribe, y allí como en el caso de Roma en el Mediterráneo, no estaban dispuestos a rivalizar con nadie. Muy pronto los Estados Unidos se dieron cuenta de la necesidad de comunicar los dos océanos y no había más que dos lugares donde hacer esa conexión: Nicaragua y Panamá.
En atención a las tensiones políticas que convulsionaban a Nicaragua, la opción por Panamá resulta más favorable para su estrategia en el Mar Caribe; de aquí que los Estados Unidos no vacilaron por escoger Panamá. Ya Panamá tenía una larga tradición como puente de unión entre los dos océanos, durante la permanencia de España en América.
Este tema del Canal sigue siendo interesante y atractivo, pero resulta imposible resumirlo en un corto artículo de prensa.
El autor es periodista.