800,000 fieles han llegado a San Pedro en todas las ceremonias de Francisco, según la Prefectura del Vaticano. En las catorce primeras audiencias de Benedicto XVI se contabilizaron 150,000 fieles. LA PRENSA/AP/ALESSANDRA TARANTINO

Afanado por reformar a la Iglesia católica

El papa Francisco cumplió ayer seis meses de pontificado marcados por su afán de reformar y abrir la Iglesia y por sus muestras de sencillez y cercanía con la gente, lo que le ha conferido un gran carisma.

Roma/Efe

El papa Francisco cumplió ayer seis meses de pontificado marcados por su afán de reformar y abrir la Iglesia y por sus muestras de sencillez y cercanía con la gente, lo que le ha conferido un gran carisma.

Bergoglio, de 76 años, jesuita con corazón franciscano, al presentarse a los fieles, mostró al mundo que quiere ser un papa “al servicio de los demás”, que sueña con una Iglesia “pobre y para los pobres” y abierta al mundo, tanto, que ha instado a los religiosos a abrir los conventos vacíos para alojar a los refugiados.

Calza zapatos negros y no los rojos papales. Se aloja en la residencia Santa Marta, una dependencia del Vaticano, junto con obispos y sacerdotes y no en el palacio apostólico. Su sencillez no está reñida con la iniciativa a la hora de hacer reformas.

Uno de los nombramientos más esperados en su pontificado lo hizo hace unos días, al nombrar secretario de Estado al entonces nuncio en Venezuela, Pietro Parolin, en sustitución del cardenal Tarcisio Bertone, salpicado por el escándalo de las filtraciones de los documentos vaticanos, en los que se le acusaba de mala gestión y abuso de poder.

También nombró una comisión de investigación para reformar el Instituto para las Obras de Religión (IOR), llamado banco del Vaticano, envuelto en numerosos escándalos financieros. Constituyó un grupo de estudio para reformar la estructura económica administrativa de la Santa Sede, y una comisión para reformar la Curia.

Publicó un “Motu Proprio”, que da continuidad al aprobado por Benedicto XVI (2005-2013), con medidas para la prevención y lucha contra el blanqueo de capitales, financiación del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva.

Francisco se ha reunido recientemente con todos los jefes de dicasterios de la curia; con el presidente del Governatorato (gobernador del Vaticano), el purpurado Giuseppe Bertello, y con el vicario de Roma, cardenal Agostino Vallini, para escuchar su parecer sobre el gobierno de la Iglesia.

Las costumbres de este papa son recibidas con agrado en Italia, como los paseos por la plaza de San Pedro en los que saluda y besa a niños y enfermos, y los llamados al fin de la guerra en Siria. Además, insta a los sacerdotes a mezclarse con la gente.

El papa mantiene a los guardias de seguridad en vilo y ha revelado que de vez en cuando en el Vaticano le recriminan que es “indisciplinado”. Sin embargo, en estos seis meses de pontificado del papa “indisciplinado” se ha pasado “de una Iglesia asediada por miles de problemas a una Iglesia que se ha abierto”, expresó ayer Parolin.

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