Realista de corazón, pero con un profundo amor paternal para su provincia, hacia su Diócesis de León, (que abarcaba lo que hoy es el territorio de Nicaragua y Costa Rica) el señor doctor fray Nicolás García Jerez, de la Orden de los Predicadores, originario de Murcia nacido un 28 de enero de 1757, es sin lugar a duda, la figura conservadora que más resalta alrededor de nuestra independencia.
El 25 de julio de 1806, el Consejo de Indias, ejercitando el Patronato Real, lo nombra obispo de León. Escasos cinco años habían pasado desde el inicio de su gobierno eclesiástico cuando los acontecimientos ocurridos un 5 de noviembre de 1811 en El Salvador, en donde los curas don José Matías Delgado y don Nicolás Aguilar, en compañía de los señores don Juan Manuel Rodríguez y don Manuel José de Arce promovieron una sublevación contra el intendente don Antonio Gutiérrez Ulloa, lo conmocionaron. A su mente le vino lo ocurrido el 16 de septiembre de 1810, cuando un cura como él enarbolando la imagen de la Virgen de Guadalupe, en el pueblo de Dolores, Guanajuato, don Miguel Hidalgo y Costilla, convocó a sus feligreses para alzarse contra las autoridades españolas ya que estas últimas habían abdicado a favor de los franceses, iniciando la guerra de independencia en México.
Las cosas en la provincia no andaban nada bien, un descontento general, en contra del Gobernador de la Provincia, don José Salvador auspiciada por algunos ayuntamientos, jueces de partido, cabildos de diferentes pueblos y la generalidad de los habitantes, y la promoción de ideas revolucionarias, promovidas por el doctor Tomás Ruiz, sacerdote de raza indígena pura, y el padre franciscano fray José Antonio Moñino, no auguraban nada bueno.
La crisis estalló el 13 de diciembre de 1811, el pueblo de León se lanzó a las calles, los barrios se amotinaron, y una multitud pidiendo el nombramiento de nuevos jueces, el establecimiento de un nuevo gobierno, la abolición del monopolio del aguardiente y del tabaco, la supresión de ciertos impuestos como el de la alcabala y del papel sellado, carretas y ganado de matanza, fueron los puntos esenciales del movimiento. Lo fuerte vino por la noche, algunos establecimientos fueron saqueados.
Ante esos desbordes, y el peligro del caos, fray Nicolás, se mueve rápido y al día siguiente logra integrar una junta que lo reconoce como Gobernador Intendente de la Provincia. El 22 de diciembre de 1811 el pueblo de Granada desconoció a la junta de León, y el 8 de enero de 1812 se apoderaron del fuerte de San Carlos, pero para febrero de ese mismo año toda la provincia estaba bajo su mando. Desde esa posición, fray Nicolás va a emprender la obra que verdaderamente lo consagra ante la historia, la que hace que su nombre sea recordado con amor y veneración por el resto de generaciones, como es, su labor de persuasión ante las Cortes de Cádiz para la fundación de la Universidad de León, de la que Salomón de la Selva en el prólogo de su obra La Ilustre Familia , la catalogara como: “—la universidad más importante de la América Central—”.
El 28 de septiembre de 1821, arribaron a León las noticias de lo ocurrido en Guatemala, el obispo García Jerez “era hombre de una sola pieza” como lo describe el historiador eclesiástico, doctor Edgar Zúñiga, “no era de la raza de los que fácilmente se montan en el carro de la victoria”. Su lealtad y corazón estaban con Fernando VII a quien él representaba y su papel según su propia interpretación era ser “conservador del orden”.
La negativa de León a reconocer la Independencia y a aceptar la autoridad de Guatemala fue la causa fundamental que provocó que esta última autorizase a Granada la erección de una segunda junta, hecho que tuvo como resultado la creación de dos autoridades y la división de la provincia. Las razones de la diputación Provincial de León para rechazar la independencia fechadas el 29 de septiembre de 1821 (Acta de los Nublados) eran de peso: Por una parte los leoneses veían que Centroamérica quedaría indefensa a merced de las grandes potencias y como consecuencia de la misma sobrevendría el desorden, la anarquía, el caos. Ambas se cumplieron.
Nicaragua cayó en el caos, perdimos Costa Rica, más tarde el Guanacaste. León perdería al andar de los años la capital de la República, su primacía en el episcopado y en el acontecer universitario, y la clase política tendría como signo su eterna división. García Jerez fue como la partera, que atiende el parto sin desearlo. Murió en el exilio, en Guatemala, pero sus restos fueron repatriados y descansan en la gran Basílica de León. El autor es abogado.
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