AFPTV: Putin y Jinping en G20
SAN PETERSBURGO/Rusia/AP
El costo semanal de un destructor desplegado es de dos millones de dólares y el de un grupo aéreo (los cerca de 80 aparatos con los que cuenta un portaaviones) de 25 millones de dólares para “operativos de rutina” y de 40 millones en el caso de operativos intensivos.
Exceptuando una eventual intervención con bombarderos furtivos B-2, el costo del ataque debería variar en función de la cantidad de misiles Tomahawk que la Marina lance. Estos misiles ya fueron pagados, pero la Marina debería sustituirlos para el futuro si son usados.
Solo en el primer día de la intervención en Libia, 110 Tomahawks fueron lanzados. La participación estadounidense en el conflicto costó 1,000 millones de dólares.
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El presidente estadounidense Barack Obama buscó ayer el respaldo de otros líderes mundiales para atacar a Siria, en la cumbre de las principales economías desarrolladas y emergentes del mundo, pero se encontró con la oposición de Rusia, China e incluso la Unión Europea, que condenó el reciente ataque con armas químicas en Siria, pero dijo que es demasiado pronto para una respuesta militar.
“El uso de armas químicas en Siria es no solamente una tragedia, sino también una violación de la ley internacional a la que se debe responder”, insistió Obama en una reunión bilateral con el primer ministro japonés Shinzo Abe. El portavoz de la delegación china en el G-20, Qin Gang, estuvo entre quienes disintieron, y afirmó: “La guerra no es la forma fundamental de resolver los problemas en Siria”.
Las gestiones diplomáticas públicas y privadas de Obama buscan en parte aumentar presiones sobre los legisladores en EE. UU. en el debate en torno a una autorización al uso de la fuerza en Siria. La comisión de Relaciones Exteriores del Senado aprobó el miércoles una resolución para una intervención militar de 60 días, aunque es incierta la decisión en la cámara alta en pleno y en la Cámara de Representantes. Los líderes tocaron el tema de la crisis en una cena ofrecida por el presidente ruso Vladimir Putin, uno de los partidarios más firmes del gobierno del presidente sirio Bashar al Asad.
Ben Rhodes, viceasesor de seguridad nacional del presidente, manifestó que el tipo de operación que EE. UU. considera “no tiene requerimientos significativos de participación internacional”.
La posición de Washington ha incrementado las tensiones con Putin, que ha bloqueado gestiones en las Naciones Unidas para una acción internacional y puesto en tela de juicio reportes de inteligencia que funcionarios estadounidenses dicen vinculan al gobierno de Asad con el ataque con armas químicas el 21 de agosto, que habría dejado 1,400 muertos.
El primer ministro británico David Cameron informó ayer que Gran Bretaña tiene nueva evidencia que es examinada en laboratorios británicos. Funcionarios chinos dijeron que un ataque militar tendría repercusiones negativas para la economía global, especialmente los precios de los combustibles.
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