Hugo Ramón García
Recientemente se constituyó en Managua una nueva alianza política-ideológica, según sus fundadores con el propósito de “fundar una República democrática y próspera, con oportunidades para todos los nicaragüenses sin distinción, ni discriminación de ninguna especie”.
Además de este punto trascendental, que resume los sentimientos y aspiraciones del pueblo democrático de Nicaragua, la nueva alianza se inspira en los principios nacionalistas y promueve prioritariamente la defensa de la soberanía patria. De allí que haya nacido al calor de la recusación a la Ley 840, por medio de la cual el Gobierno del inconstitucional mandatario Daniel Ortega —disponiendo de Nicaragua como si fuera patrimonio suyo—, ha dispensado una concesión para la posible construcción del Canal Interoceánico entregando el país a un empresario chino y afectando con esto el más importante recurso potencial que tenemos los nicaragüenses, que es el Lago Cocibolca.
Ambos puntos de la nueva alianza llamada Unidad por la República, son aceptables, nadie lo discute. Pero sobre lo primero, partiendo de las experiencias de las numerosas coaliciones políticas que se han formado en el pasado, debo decir que a mi entender ninguna ha resultado creíble, por una parte porque ha estado de por medio la tentación del dinero, y por otra la materialización de los pactos que han generado traiciones y desilusiones, como plagas que han prostituido la conciencia política pública, en perjuicio de toda la nación y sembrando la desconfianza en el pueblo. De manera que nadie, o mejor dicho ningún político, hablando en lenguaje llano, despierta credibilidad en esta Nicaragua comercializada donde el afán de obtener las divisas americanas ocupa indudables y grandes ambiciones.
Las traiciones perpetradas mediante pactos de mala fe, han causado amargos desengaños a la población democrática de Nicaragua. Pero tal vez ahora, esta nueva alianza denominada como Unidad por la República, viene con otras posturas, patrióticas, orientadas por la honestidad ciudadana. Sin embargo, si sus dirigentes, al formar los capítulos en los Departamentos de Nicaragua se amarran o asocian con los desprestigiados políticos tradicionales, de antemano están perdidos. De hecho esta misma unidad caería en el fracaso y todo esfuerzo resultaría inútil por las consecuencias que pudiera producir el no investigar primero, al tipo de elemento que hagan figurar en una directiva o consejo departamental y municipal.
Me parece bien el propósito de la Unidad por la República, pues bien dice la máxima que “la peor gestión es la que no se hace”. Pero la motivación de los dirigentes de esta Alianza a trabajar unidos, no justificaría de manera alguna que al ampliarla hacia otros lugares del territorio nacional, se dejen llevar por la improvisación y el menosprecio a los nuevos liderazgos locales. Y que por querer hacer las cosas buenas, venga lo peor, de lo cual nada positivo se consigue. El autor es periodista de Somoto.