El Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, establecido en 1961, es el encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la “Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales”, aprobada el 14 de diciembre de 1960.
Cuando se establecieron las Naciones Unidas, más de la tercera parte de la población mundial vivía en colonias. En 2013, la lista se ha reducido a solamente 16 “territorios no autónomos”, la mayoría de ellos islas de pequeña extensión (excepción de Sahara Occidental) con menos de dos millones de habitantes en dichos territorios.
Al observar la lista, uno se sorprende de encontrar en ella dos “territorios no autónomos”, es decir colonialmente dependientes: una porción de España continental, Gibraltar y las Islas Malvinas, parte de la Plataforma Continental Sudamericana y argentinas por historia, por derecho y por geografía.
Ambos territorios fueron militarmente ocupados por Gran Bretaña, Gibraltar de la que se están cumpliendo ya trescientos años y las Malvinas que llegan a los 180 años. Quizá pueda entenderse en la lógica imperial del pasado, cuando aún era válido en el Derecho Internacional el derecho de conquista, y la ocupación militar de territorios estratégicos como lo son Gibraltar y las Malvinas tendrían algún sentido, pero resulta difícil de comprender en un mundo que pretende basar sus relaciones y la solución de sus conflictos en el Derecho Internacional y la Solución Pacífica de Conflictos, como lo proclaman numerosos instrumentos de las Naciones Unidas.
Tres siglos median desde que el Tratado de Utrech, de 1713, oficializara la ocupación militar británica de Gibraltar, invasión realizada el 4 de agosto de 1704, cuando fuerzas navales anglo-holandesas conquistaran el estratégico Peñón que controla el paso entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Ante la imposición militar inglesa, la mayor parte de la población española decidió, encabezados por las principales autoridades, exiliarse con los atributos identificativos de la ciudad: pendones, archivos, sellos, documentos, imágenes religiosas, libros de registros parroquiales con actas de nacimientos, defunciones y bodas.
Uno se pregunta cómo fue posible que una España que aun era una potencia militar respetable entre las europeas permitiera que su histórico enemigo le arrebatara un territorio tan estratégico. La respuesta es sencilla, España estaba dividida y debilitada por una larga guerra de sucesión en el trono, o lo que vendría a ser una guerra civil, condiciones que hicieron posible que por el tratado de Utrech, España cediera el peñón a Gran Bretaña.
En este mismo Tratado de Utrech, Inglaterra reconoció la integridad de las posesiones de España en América del Sur y la exclusividad española de navegación en el Atlántico Sur, lo que incluye a las islas Malvinas.
Argentina desde su independencia asumió la soberanía sobre las islas Malvinas, como parte integrante del territorio heredado de España. En enero de 1833, Gran Bretaña las ocupa militarmente, expulsando a las autoridades argentinas, sin atender las reiteradas protestas del gobierno argentino. Con la ocupación militar de las Malvinas, Inglaterra se aseguraba el control de la navegación en el Atlántico Sur y el océano Pacífico.
A lo largo de los años, esta situación de colonización de Gibraltar y las Malvinas ha dado lugar a numerosos enfrentamientos entre las naciones involucradas y es permanente fuente potencial de conflictos. Naciones Unidas permanentemente ha llamado a poner fin a la ocupación colonial de los territorios de Gibraltar y de las islas Malvinas. Anacronismos imperiales contrarios al actual Derecho Internacional, establecido después de la Segunda Guerra Mundial. El autor es exrepresentante en Nicaragua de la Universidad para la Paz de la ONU.
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