En el contexto bíblico, profeta no es un adivino que predice el futuro, sino un varón que Dios usa para denunciar la injusticia de los poderosos. El Estado era teocrático y por eso, toda situación social y política, se interpretaba desde el punto de vista religioso.
Había profetas cortesanos, pagados por el rey, que interpretaban y aplicaban las Escrituras a las situaciones coyunturales en favor de este ante el pueblo. Los otros eran conocidos como profetas del pueblo (Amos, Malaquías, Oseas, Jeremías, Elías, etc.) no eran asalariados ni beneficiados por el rey, por eso no tenían compromisos y podían denunciar a la luz de las Escrituras, las injusticias y asesinatos cometidos por la realeza (2. Sam. 12:1-13), Incluso se sabe que habían escuelas de profetas, lo que hoy sería de analistas político-religiosos, para asesorar al rey. Los profetas, que no se vendieron, que no mercadearon su compromiso de guías espirituales del pueblo, que no cedieron a dejarse “titiritear” con hilos de oro, fueron encarcelados, torturados y ejecutados.
Actualmente hay varias organizaciones y asociaciones pastorales, que son objeto del beneficio de una partida presupuestaria del Gobierno, así como algunas mega-iglesias y líderes religiosos comprometidos con el gobierno de turno por ejercer labores propias de funcionarios de Gobierno. El liderazgo cristiano está vendiendo su voz profética y su primogenitura por un plato de lentejas (Gn. 25:27-34) y comprometiendo históricamente a la Iglesia nicaragüense.
Cuando el emperador romano Constantino decretó la libertad religiosa con el Edicto de Milán el 28 de octubre 313 D.C., y luego el emperador Teodosio la decreto Iglesia oficial del Estado, la Iglesia cristiana pasó de perseguida a perseguidora, a confiscadora de las posesiones de quienes profesaban otros cultos y empezó a llenarse de pompa y opulencia, a tolerar injusticias, a justificar a los poderosos e incluso a darles su bendición y reconocimiento religioso a cambio de riquezas y poder político.
Los diputados “evangélicos” que se dedican a cobrar su dieta y mercadear sus votos en el palacio, callaron ante la injusta aplicación de los artículos 7 y 173 de la Constitución y el artículo 10 de la Ley Electoral, que cancela el acta de toma de posesión y credencial de diputado al ingeniero Agustín Jarquín, alegando que traicionó el voto de sus electores, por renunciar a la bancada gubernamental y poner en riesgo el equilibrio de la bancada. Quieren pasar por alto que la Unión Demócrata Cristiana (UDC) hizo alianza como partido y su representante en la Asamblea no es miembro del partido gobernante.
La historia nos recuerda que el romance entre el imperio romano y los codiciosos dirigentes religiosos de Israel terminó con la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C. por el general romano Vespasiano y la posterior dispersión o diáspora del pueblo judío, porque mal paga el diablo al que bien le sirve y lo que mal anda mal acaba (Pv. 13:20) (1 Cor. 15:33).
Es necesario recuperar la voz profética que se ha perdido y ahogado por 30 monedas de plata (Mt. 26:14,15) y hacer un análisis crítico constructivo, como lo ha venido haciendo un remanente pastoral de que tienen cuidado, por temor a Dios (Eclec. 12:14) y la historia, de no caer en la posición de pastoral cortesana ni a derecha ni a izquierda. El autor es historiador y teólogo.
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