Ramón Pineda
El presidente subió al inmaculado estrado adornado con
fragantes, vistosísimas y sobre todo abundantes y carísimas
flores, y después de recibir un beso de la primera dama, se
dirigió a su pueblo y dos horas más tarde se secó el sudor y se
despidió. La pobreza ya no sería un problema para el pueblo.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B