Ramón Pineda
Como entre todos los de la población no había ningún cuerdo
que quisiera ser alcalde, los del partido buscaron a “Pinolero”,
un loquito pacífico y tranquilo que deambulaba por las calles
de la población haciendo reír a la gente; lo abordaron y le
pidieron que se lanzara y todos le coreaban: “Que se lance, que
se lance, que se lance… ”
Y los restos del pobre Pinolero fueron recogidos con inventario
del atrio de la iglesia.
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