¿Dónde estás? El olor de tu cuello lo siento en este momento. Estoy confundido, ¿dónde estás? Te imagino cerca de un lago, quizá debajo del cielo estrellado. No sé. Por el momento, necesito fumar un puro, no me importa la marca. Me da igual, quiero absorber humos intensos para imaginarte con precisión.
Hay mucha confusión en los bosques, sí, en los bosques humanos. El vaso está vacío, el agua está ingerida, con pensamientos e intuiciones, con hielo de caricias íntimas. Suena, perfectamente, el saxofón, que conjuga con el sexo y la liberalidad. Se puede hacer el sexo con el saxofón, para procurar un sexofón, con gemidos y caricias lentas, besando la boquilla mientras se acaricia y visita el pabellón. Uno, dos o tres, veces, te envío olores y sensaciones en tu cuerpo.
No sé, el día está trivial, pero estoy buscando cómo alterarlo un poco, tengo que ridiculizar las convenciones y el barullo de artificios sociales. El cuerpo del saxofón me recuerda la geografía de tus piernas, que a veces, más bien, muchas veces, acaricié y navegué en sus aguas, hasta llegar a puerto seguro. ¿Algo nuevo hoy? Todavía no lo veo, pero lo voy a inventar, es necesario darle génesis para colorear este día.
Sé que la llave de tu sexofón son tus labios, sé que cuando se llega a ellos, todo cambia, la ropa comienza a desaparecer y la locura hace presencia, sin importar el entorno y el contexto. ¿Bailamos?, la pieza en la imaginación suena con claridad y precisión.
Deseo tomar tu mano, para invitarte a los movimientos guiados por notas improvisadas. Interlocutora invisible. Te siento, te bailo y te induzco a lo que tú ya sabes. La nota más aguda, llega cuando tenemos contacto. Cuando nuestras miradas se entrecruzan. Es necesaria la copa, para provocar más improvisación. Cuando las notas improvisadas bajan, nos trasladamos a hermosos jardines, donde se convive con leones y panteras.
Estar en el último piso del edificio y observar toda la ciudad es como la hoja en blanco, que procura construir mundos imaginarios. ¿A quién o quiénes se les habrá ocurrido la idea de construir aquellos edificios, o aquellas avenidas? Mentes, breves mentes que procuraron una huella urbana. Y a propósito de huellas, recuerdo los edificios de tu cuerpo, los parques y los hoteles. Todo era en caravana, uno tras otro, así eran los besos, uno tras otros.
Los días triviales procuran, obligadamente, el rótulo “Je m’en marre”, por eso es obligado desatar las vendas y prisiones autoimpuestas, para procurar la libertad, la necesaria para tocar el saxofón y llegar al sexofón. El frío no importa, es necesario caminar en las calles, aunque estas presenten la basura y tristeza que usualmente poseen. Las calles pequeñas son el signo de los besos escondidos, entre más estrechas más visitadas.
Pequeño pueblo de los peces, es un signo de viejos y pasajes. La bicicleta azul, vieja y antigua, recorrerá algún sendero, y qué bueno porque sus ruedas significan el sendero recorrido por un explorador en busca de peces. Los pequeños jardines, desaparecieron por la visita de la especie blanca, que todo lo cubre y todo lo traduce en escenarios fríos. Los rieles ya no existen, solo fueron breves recorridos para azotar y mover el alma para la grandeza.
Hay saxofón en la calle, en una esquina particular, siempre que paso por ahí está presente, sonando con fe y desinteresadamente. ¿Dónde estás? Ya te encontré. Te encontré, estás justo dentro de donde perteneces. Te observo plena y siempre conversando con leones y panteras.
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