“Es altamente improbable que alguno de nosotros tres (Carter, Clinton y Obama) hubiésemos pasado por la Casa Blanca o estuviésemos en esta plataforma si no hubiera sido por Martin Luther King y su cruzada por los derechos civiles”, afirmó Carter.
Clinton dijo que “es hora de dejar de quejarse” y de cooperar para terminar con el “terrible estancamiento político” que afecta hoy a Washington.
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Washington/EFE
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, admitió ayer que el “sueño” del líder afroamericano Martin Luther King “parece aún más difícil de alcanzar” hoy hace cincuenta años, al alertar de la creciente desigualdad en el país y de que la brecha racial persiste en cuanto a la distribución de la riqueza.
A juicio de Obama, la asignatura pendiente es asegurarse de que el sistema económico estadounidense ofrece “una oportunidad justa para la mayoría, desde el guardián negro y el trabajador de la siderurgia blanco al inmigrante que lava platos”, y esa tarea “no será fácil”.
“Durante más de una década los trabajadores estadounidenses de todas las razas han visto estancarse sus salarios e ingresos. A pesar de que los beneficios empresariales se han disparado, así como los pagos a unos pocos afortunados, la desigualdad ha aumentado de manera constante”.
Y el panorama es peor en el caso de los negros y los latinos, con tasas de desempleo superiores a las de los blancos, tal como recordó Obama. La marcha por los empleos y la libertad de Washington de hace medio siglo “nos enseña que no estamos atrapados por los errores de la historia, que somos dueños de nuestro destino”, enfatizó Obama, quien llamó a sus compatriotas a trabajar juntos y a “reavivar las brasas de la empatía”.
“Sé que el camino será largo, pero sé que podemos llegar”, pronosticó, convencido de que la misma “imaginación” y el “espíritu” que impulsaron hace cincuenta años a King y a todos los que marcharon junto a él están presentes en los jóvenes de hoy.
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