Uno de los instrumentos que con más eficacia utiliza el régimen para moldear la opinión pública son las encuestas. Aunque las suspicacias abundan sobre la validez de las mismas, no podemos negar que tienen un impacto en la opinión de la gente.
El mecanismo de la manipulación es sencillo: una encuestadora publica una encuesta mostrando el gran apoyo de que goza Ortega entre la población. Los voceros del régimen lo repiten una y otra vez. Los medios de comunicación, incluyendo medios y periodistas independientes, reproducen esa información, cerrando el ciclo, el cual vuelve a repetirse periódicamente. Resultado: como no hay versiones en contrario, en la mente de la gente va arraigando la opinión de que así es la realidad.
Por esta razón es importante buscar los detalles pues frecuentemente se encuentran datos que evidencian las contradicciones o permiten acercarse a las opiniones reales de la gente.
Una de las empresas encuestadoras más conocidas es M&R. Cada tres meses realizan una encuesta que se llama SISMO. Compartiré con ustedes algunos resultados de la última encuesta.
Según M&R, el 66 por ciento de los nicaragüenses aprueba la gestión gubernamental de Ortega. Sin embargo, cuando uno escarba encuentra que casi el mismo porcentaje, el 63 por ciento, opina que los problemas que agobian al país son el desempleo, la pobreza y el alto costo de la vida. Esto no es ninguna novedad para la inmensa mayoría de nicaragüenses que padecen esos flagelos.
Sin embargo, la pregunta que se desprende es: Si la mayoría de la población considera que el gobierno de Ortega no ha resuelto ni el empleo, ni la pobreza, ni el costo de la vida ¿cómo puede a la vez aprobar la gestión del gobierno?
Según la misma encuesta, el 75 por ciento opina que el país marcha en la dirección correcta.
Pero el 63 por ciento opina que la situación de su familia no ha mejorado en los últimos tiempos y, más bien, un 16 por ciento considera que su situación ha empeorado en los últimos seis meses. Por cierto, es un dato fuerte este que el 16 por ciento considere que su situación ha empeorado en los últimos seis meses. Todavía más: el 53 por ciento, más de la mitad de los encuestados, declaró que se iría del país si pudiera.
¿Será por esa razón que Ortega se apuró a salir con el cuento del Canal?
¿Cómo se explica que un porcentaje apreciable opine que las cosas van bien, y al mismo tiempo piense que su condición ha empeorado y a la par quiera marcharse del país?
Un dato divertido: el 51 por ciento de los nicaragüenses apoya que Nicaragua adopte el socialismo del siglo XXI. No obstante, a la pregunta sobre el país al que se irían, si pudieran, nadie optó por Venezuela, Cuba, Bolivia o Ecuador. Casi el noventa por ciento prefiere Estados Unidos, Costa Rica, España o Panamá.
Entonces, ¿si la mayoría quiere socialismo del siglo XXI por qué nadie se iría a Venezuela?
Otro dato relevante es que la gente sigue marchándose del país: siete de cada diez nicaragüenses tiene familiares en el exterior, y ese porcentaje ha aumentado en los últimos tiempos. También ha aumentado el porcentaje de la población que recibe remesas. Uno de cada cuatro nicaragüenses es receptor de remesas.
Más allá de las apreciaciones sobre presuntas preferencias políticas, la realidad es que a pesar de la manipulación, las encuestas muestran que los nicaragüenses opinan que Ortega no ha resuelto los principales problemas del país. Que su situación familiar se encuentra igual o peor. Que si pudieran se irían al exterior. Y, peor aún, que quienes pueden marcharse, ya lo están haciendo. El autor es diputado a la asamblea nacional
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A