Noel Amílcar Gallegos
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En la casa de la joven Socorro Silva, en el reparto Covilaco del municipio de La Concepción, Masaya, algunos barriles y piletas lucen vacías. “A la niña tierna hay que lavarle los pañales, se tiene que alistar a los demás niños para ir a la escuela, se hace la comida”, señala; en fin un sinnúmero de tareas domésticas que a veces se vuelven titánicas por una simple razón, la falta de agua.
El agua potable les llega cada ocho días y en verano llega a las viviendas cada quince días. Los pobladores tienen que ir a comprarla para cubrir sus necesidades.
MADRUGAN
Doña Adilia Carballo dice que cuando les llega el agua, que es una vez a la semana, los miembros de su familia se levantan por la madrugada para poder llenar sus recipientes. “Sería bueno que viniera más constante porque el recibo lo pagamos al día, pagamos porque nos venga cuatro veces al mes. Aquí la gente nunca ha gestionado nada”, dijo la señora. A pesar de que el municipio de La Concepción es el más grande, después de la cabecera, la falta de agua en muchas comunidades rurales es palpable.
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