No es xenofobia
Recientemente escuché que la señora presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, dijo que la oposición de los vecinos de la nueva ubicación del consulado costarricense en Managua se debía a la xenofobia de los nicas hacia los ticos y que esta actitud era alentada por el gobierno de Nicaragua.
Realmente no hay xenofobia, lo que existe es un descontento de los vecinos debido a que en nuestro pobre país no hay orden. Uno puede invertir mucho dinero en construir una casa para “vivir bonito, vivir limpio y vivir bien”, y las célebres “autoridades” le darán permiso a cualquiera de instalarse al lado de su vivienda con una fritanga, una porra de vaho, un ruidoso vehículo, taller de mecánica o peor aún: una cantina.
Estoy totalmente de acuerdo en que todos tenemos derecho al trabajo, siempre y cuando la actividad que uno realice no perjudique a otros. “La calle es pública”, dirán algunos y tienen toda la razón, pero porque es pública es que nadie puede hacer lo que quiera en la calle ya que si todos tenemos derecho a ella, debemos respetar el derecho de los demás. Las zonas donde viven las personas, sean pobre o ricas, deben ser tranquilas y los negocios que causan incomodidades deberían ubicarse donde realicen su actividad sin perjudicar a nadie.
No tengo nada en contra de los negociantes que se ubican alrededor del consulado tico, es un caso muy particular debido a la escasez de empleo y al sistema de gobierno que según las encuestas tiene cerca del 60 por ciento de opiniones favorables, pero que curiosamente también dice que cerca del 50 por ciento de los encuestados estarían dispuestos a irse del país, mayoritariamente quizás hacia Costa Rica. En cuanto al gobierno de Costa Rica, debe sentirse tranquilo, el desorden que nuestras “autoridades” ayudan a crear a nivel nacional no los alcanzará, basta con ubicar el lucrativo negocio del consulado en un lugar donde no haya quejas y si en realidad la xenofobia les incomoda tanto deberían haber condenado a quienes dejaron que los perros mataran a un compatriota nuestro. ¡Dios salve a Centroamérica!
Walter F. Pineda Úbeda.
El Canal y el lago Cocibolca
Entiendo que para estos enormes y grandiosos proyectos como el del Canal, tienen que ser con base en licitación. Esto significa que se contrata a la empresa, de renombre, que tenga las mejores cualidades para esta gran obra con base en estudios profundos que garanticen la construcción, como decir, valor más accesible en el costo y garantía, adjudicándole a la empresa de más conveniencia la licitación.
Pero en un abrir y cerrar de ojos , el señor Daniel Ortega adjudicó la construcción a un señor de nombre Wang Jing, con un costo de 40 mil millones de dólares, sin ningún estudio de por medio, a groso modo, sin tomar en cuenta el daño y perjuicio que le causarían a nuestro medioambiente.
En otro país, el lago Cocibolca sería conservado sagradamente, ya que en un futuro no muy lejano sería más beneficioso con sus aguas dulces que este mencionado Canal.
Ya le gustaría a otro país poder gozar de este lago que los nicaragüenses tenemos el lujo de poseer. Así que opongámonos para que no destruyan la inmensidad de nuestro bello lago.
Adolfo Salas.
Wang Jing en el país de los ingenuos
El llamado Gran Canal Interoceánico es un proyecto bárbaro en el estricto sentido de la palabra. En su trayecto derriba montañas, seca ríos y destruye el lago más grande de Centroamérica. A su paso también desaparecen ciudades enteras, por ejemplo Bluefields en la ruta Brito, Morrito, Isla del Venado. Impediría la navegación de Granada a San Carlos y a Solentiname. Arrasaría con muchas haciendas ganaderas de Chontales donde se produce gran parte de la leche y el queso que se consume en Nicaragua, y con las arroceras de la zona de Morrito, etc. En resumen, como han dicho muchas personas, los daños al país, económicos y ambientales serían enormes.
El empresario, señor Wang Jing, está actualmente en una campaña mediática tremenda. Según él ha contratado las mejores empresas de consultoría del mundo y a los mejores expertos individuales de Bélgica, Australia, etc. Además tiene a cinco mil personas trabajando en el proyecto, pero no se sabe dónde están esas personas. El diputado Gustavo Porras dice que el proyecto le va a dar trabajo directo a 600 mil personas. Por el sector privado, las cámaras empresariales se han mostrado muy ingenuas, unos dirigentes ofrecen su apoyo a cambio de transparencia en el proyecto, a pesar que nadie les ha pedido apoyo. Otros han pedido la participación de las empresas nacionales en la repartición del pastel, y en general, según encuestas que se han realizado, hasta un 70 por ciento de la población se muestran entusiasmados con el proyecto. País de ingenuos.
Afortunadamente, este proyecto no se llevará a cabo, pues, ¿qué persona, natural o jurídica, va a poner los 40 mil millones de dólares que cuestan el Canal y sus proyectos asociados? Imaginemos que aun consiguiendo unos 100 socios, cada uno aportaría en promedio 400 millones de dólares. Tendrían que ser además de multimillonarios, muy tontos, y esta combinación nunca se da. Además, ¿quién va a avalar estos préstamos? Nicaragua no tiene capacidad para hacerlo, ni creo que el señor Jing pueda. De modo que aunque se invente que por el Canal van a pasar diario centenares de barcos y la rentabilidad económica es buena, o que no se va a afectar el medioambiente, lo que es dudoso, financieramente el proyecto no es factible.
De modo que pueden estar tranquilos los que se han mostrado preocupados por el lago Cocibolca, pero no los que tienen propiedades en la ruta del Canal, pues estas pueden ser expropiadas pagándoles precios muy bajos, o las zonas forestales pueden ser afectadas con el cuento de hacer levantamientos topográficos o estudios geológicos. Por último, el señor Jing, alegando que no le dan facilidades para ejecutar el proyecto, puede demandar al Estado de Nicaragua por unos cuantos millones de dólares. Eso sí, él no se va a ir con las manos vacías, de eso podemos estar seguros.
Oscar Gallo.
Resurge la esperanza
Con el surgimiento de una supuesta nueva unidad opositora en Nicaragua, pareciera que resurge la esperanza para el pueblo honesto, pero esta se desvanece de inmediato como una llamarada de tuza, cuando vemos aparecer en escena a individuos que solo daños han causado al pueblo, y por ende, a la “verdadera oposición”.
Señores que están integrando a Unir (acrónimo que identifica al grupo), lo que en Nicaragua necesitamos es que renazca el Estado de derecho, si es que alguna vez lo tuvimos, y se respete íntegramente nuestra Constitución, restaurando la circunscripción popular, mediante la cual, y según la misma Constitución, cualquier ciudadano nicaragüense puede optar a cualquier puesto gubernamental, incluyendo el de la Presidencia de la República, derecho que nos fue arrebatado por Arnoldo Alemán, para servirle el plato a Daniel Ortega.
Históricamente, los partidos lo que han hecho es repartirse los puestos de trabajo cualesquiera que sean, priorizando, por supuesto, a los más aduladores y dañinos de los mismos, olvidándose del pueblo que les dio el voto, depositando en ellos su confianza, para después, y como consecuencia lógica, ganarse su repudio.
Sí, creo profundamente que necesitamos una oposición verdadera, fuerte y decidida, pero, principalmente honesta, y no es con las mismas momias dentro del nuevo movimiento, que el pueblo va a revivir su confianza. Sepan dirigir las acciones, para que por lo menos, la esperanza quede viva.
Ramón Pineda. Jinotega.
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