EFE
Las manos son a veces las eternas olvidadas. Un paciente se preocupa mucho de mejorar las arrugas y aspecto de la piel de la cara, pero a menudo las manos o el cuello son zonas que olvidamos o dejamos por imposible.
La hidratación es a menudo el único cuidado que aplicamos en las manos, pero los agentes externos provocan daños o lesiones que requieren algo más que eso.
EL ENEMIGO
El sol afecta mucho más las manos que el frío. Este último produce daños que desaparecen cuando desaparece el frío, pero las alteraciones provocadas por el sol quedan para toda la vida.
No hablamos por tanto solamente de la apariencia estética, sino de la salud de nuestra piel.
La mejor prevención para conservar dicha salud y a la vez la juventud de las manos es utilizar un fotoprotector.
La crema de protección solar es una compañera habitual durante todo el verano y especialmente para ser aplicada en el cuerpo y en la cara, pero se nos olvida en ocasiones aplicarla en el dorso de las manos, una zona muy expuesta todo el año. Por ello, no solo debemos hacerlo en verano, pues el ochenta por ciento de la radiación la tomamos fuera de la época estival.
Para mejorar la calidad de la piel, la elasticidad, se utilizan láseres. “Existen láseres fraccionados que no liman toda la piel. Hacemos 2,000 agujeros en dos centímetros cuadrados. De esa forma, la cicatrización será más rápida al dejar pequeñas microzonas de tejido sano. Para las manchas se utiliza un láser específico para manchas. Muchas veces combinamos ambos”, asegura Ruiz.
Para recuperar el volumen perdido se utilizan inductores de colágeno, unas sustancias de relleno introducidas a través de una cánula.
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