Guillermo Cárdenas Montalván
Desde el siglo pasado, Nicaragua ha vivido períodos de trascendencia política y económica que han fracturado las relaciones económicas y sociales por la búsqueda del poder, haciendo esto que el tejido político y social sea inconsistente, lo que ha aumentado el número de familias pobres a tal punto que los expertos y organizaciones civiles hablan de hasta más del 60 por ciento de nicaragüenses viviendo en pobreza.
Esto implica que el mapa de pobreza está cambiando constantemente y que ya no es el mapa de hace diez años atrás que usan los organismos nacionales e internacionales para la identificación, formulación y ejecución de programas y proyectos. Este mapa en la actualidad tiene una composición alarmante en el ámbito de aumento de la pobreza donde las privaciones materiales, sociales y culturales se han transformado en detrimento de la calidad de vida de los nicaragüenses.
Bajo este contexto, salir de la pobreza no es solo una responsabilidad del Estado, sino también de los nicaragüenses en general, tanto pobres como no pobres, de los que vivimos en Nicaragua y de los que vivimos en el extranjero, es por sobre todo una responsabilidad moral, social y patriótica. En este sentido la empresa privada de capital nacional y extranjero debe ser un actor protagónico mediante la ejecución de su responsabilidad social bien orientada, apegada a los objetivos del milenio, a los objetivos de nación y los objetivos de las comunidades.
La Responsabilidad Social (RS) es el compromiso que tienen todos los pobladores, las entidades públicas o privadas y las organizaciones civiles, en general, para contribuir al aumento del bienestar de la sociedad. Las empresas que operan en Nicaragua pueden desempeñar un papel muy importante en la vida de las personas no solo como proveedoras de trabajo y de riqueza, sino como agente de desarrollo en las comunidades en la que están insertas.
El aporte empresarial a la sociedad ha dejado de ser una actividad independiente cedida a una fundación y cada vez más forma parte de las estrategias sociales de las empresas estrechando los lazos entre la empresa y la comunidad mediante la cooperación al desarrollo. Pero para que esto tenga éxito las empresas en Nicaragua deben reorientar su RS para que ese aporte sea efectivo, de impacto, pertinente y por sobre todo sostenible.
La empresa nicaragüense debe alzar sus ojos a los Objetivos del Milenio (OdelM), al plan nacional de desarrollo, a las estrategias regionales de lucha contra la pobreza, deben auxiliarse de expertos en identificación, formulación y ejecución de proyectos con lógica de intervención. Para que la RS de las empresas sea efectiva los programas y proyectos deben ser pertinentes, de impacto, viables, y sostenibles. Si no se logran estos parámetros la ayuda que puedan ofrecer se diluirá en el tiempo y esto significa recursos mal utilizados.
En concreto, las empresas deben cambiar su creencia de la RS, esta no es regalar, proveer o entregar, una RS efectiva es aquella que crea y fortalece capacidades en la sociedad para su desarrollo, proporciona herramientas que contribuyen al fortalecimiento de los medios de vida de las familias pobres para que su capital humano, social, físico y económico se conduzcan por la senda del desarrollo y el progreso.
Cuando se habla de equilibrio macroeconómico no solamente nos referimos a estabilidad económica, a la aplicación responsable de políticas fiscales y monetarias, a una balanza comercial con menos déficit, también nos referimos a una sociedad equilibrada.
El autor es Economista y Abogado.
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