Elízabeth Romero
A dos años del asesinato en contra del párroco de La Concepción, Masaya, Marlon Ernesto Pupiro, la captura de Yásker Blandón como único responsable del crimen representa para su familia “una verdad a medias”.
Lesbia Pupiro, hermana del sacerdote asesinado, considera que en este caso hay más implicados tanto autores materiales como intelectuales. “No hemos llegado al fondo de la verdad”, señala Lesbia.
“La verdad pues, es que nosotros no seguimos satisfechos, porque seguimos esperando esa respuesta”, dijo la hermana del sacerdote asesinado.
Y aunque los operadores de justicia señalaron a Blandón como único responsable, Lesbia Pupiro manifestó: “Se dice que fue Yásker, solamente él, pero nosotros seguimos creyendo que hay más personas detrás de esto, quizás las personas que dieron esa orden andan libre todavía”.
Lesbia insistió: “Para mí es una cadena (…) pero esa es la incógnita”.
El padre Pupiro desapareció entre la media noche del 19 de agosto y el amanecer del 20 de agosto cuando fue secuestrado de la Casa Cural, de la parroquia de La Concha y, tres días después fue localizado el cuerpo sin vida en un basurero en el kilómetro 16 de la Carretera Vieja a León.
Al ser remitido ante los tribunales, Blandón se declaró como único culpable y pidió perdón.
Pocos días después Ana María Torres, madre de Blandón, en declaraciones a LA PRENSA se negaba a reconocer a su hijo culpable del crimen de un sacerdote. “En mi corazón de madre sé que él no dice la verdad, lo siento temeroso, tiene golpes en la cabeza y parece como si estuviera sedado y se está echando la culpa, ya se la echó, pero yo no creo”, dijo Torres, según LA PRENSA del 18 de septiembre de 2011.
Dos años después los movimientos con los que trabajó el padre Pupiro, aún lloran su pérdida. “Este dolor no pasa (… ) ahora solo esperamos la justicia de Dios”, indicó por su parte, Karmila Calero, del Movimiento por la Dignidad del padre Pupiro, de La Concha.
Calero recordó que con el crimen de monseñor Oscar Arnulfo Romero, en El Salvador, se conoció toda la verdad veinte años después. En ese caso no es que la población se conformó, pues “la Iglesia no lo manda a uno a hacer cosas inadecuadas sino tener confianza en Dios”.
Y añadió: “No nos apura el tiempo, Dios tiene tiempo para todo”.
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