AFP
Para Scott Schmith, un veterano de la Guerra del Golfo instalado en Suiza hace veinte años, renunciar a su pasaporte estadounidense no fue “fácil”, pero lo hizo para evitar problemas fiscales en Estados Unidos tras la aprobación de una nueva ley impositiva.
“No tengo nada que ocultar pero no quiero ser castigado por haber decidido vivir fuera de Estados Unidos”, dijo desde las afueras de Zurich este fotógrafo, recientemente nacionalizado como suizo, en un momento en el cual los bienes de estadounidenses en el extranjero están bajo estrecha vigilancia. A partir de enero la Ley de Cumplimiento Tributario de Cuentas Extranjeras (Foreign Account Tax Compliance Act, o Fatca) impondrá a los bancos de algunos países que informen sobre las cuentas de sus clientes estadounidenses, arriesgándose a importantes multas, con el objetivo de reforzar las obligaciones fiscales para los expatriados.
Pese a que esa ley roza con el sigilo bancario, tampoco la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (Siboif) aclara al sector cómo se ajustarán los mecanismos internos de vigilancia para proteger los datos de los clientes.
Se conoce que tres de los siete bancos que hay en el país están en proceso de registro ante el Servicio de Rentas Internas (IRS). El resto espera conocer la posición oficial de las autoridades.
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La ley fiscal en Estados Unidos, una excepción en todo el mundo, impone a sus ciudadanos la obligación de declarar sus ingresos y sus cuentas bancarias, aunque su residencia fiscal esté en otros países.
La nueva normativa, que busca luchar contra la evasión fiscal, se perfila como un quebradero de cabeza para varios expatriados. “Los expatriados (…) se dan cuenta ahora que los bancos van a transmitir los datos de sus bienes y que podrían ser considerados como delincuentes”, dijo Allison Christians, profesor de Derecho de la Universidad McGill, en Canadá.
MÁS RENUNCIAN
En el segundo trimestre de este año el número de estadounidenses con doble nacionalidad que renunciaron a su pasaporte azul marino marcó un récord de 1,131 personas, un alza de 66.5 por ciento con respecto a los tres primeros meses del año y un incremento de 492 por ciento interanual, según datos recopilados por la AFP.
Para los expertos estos datos, que siguen siendo marginales en relación con los cerca de siete millones de expatriados estadounidenses, se deben en gran medida a la entrada en vigor de esta ley, que fue pospuesta en varias ocasiones.
Según Marylouise Serrato, representante de American Citizens Abroad, una asociación que defiende a los expatriados, la nueva ley fue un factor agravante. “Con esta ley se vuelve muy difícil para los estadounidenses vivir en el extranjero”, afirmó.
Así, algunos bancos comerciales podrían rechazar a los expatriados estadounidenses para esquivar los problemas administrativos y evitar estar en la mira del Servicio de Rentas Internas de Estados Unidos (IRS), tal y como le sucedió a UBS en 2009.
“UN AGUJERO NEGRO FISCAL”
Scott sufrió estas trabas cuando su banco cerró sus dos cuentas hace un año. “Cada vez más los expatriados estadounidenses se encuentran en un agujero negro fiscal”, declaró en un comunicado Nigel Green, presidente de la consultora deVere.
Muchos de ellos enfrentan ahora un “dilema terrible”: renunciar a su ciudadanía o plegarse a normas ultracomplejas que al menos requieren de la ayuda de un experto fiscal, señala el profesor de Derecho, Peter Spiro, académico de la Universidad Temple, en Filadelfia (norte).
“Si uno hace un análisis racional, uno se pregunta si vale la pena conservar la ciudadanía estadounidense frente a papeleo administrativo y al riesgo de mayores multas”, explicó. Sin embargo, un portavoz del IRS dijo que esta solución tampoco sería definitiva, ya que, pese a haber renunciado a su nacionalidad, estas personas aún podrían estar sujetas a realizar una declaración de la renta.
Para el organismo, para que la renuncia sea efectiva, los expatriados deben probar que han cumplido con sus obligaciones fiscales en los cinco últimos años. Para Christians, el verdadero problema es que el sistema de impuestos esté basado en la ciudadanía”.
“Si hubiera un sistema basado en la residencia, una ley como la Fatca permitiría apuntar realmente a los que intentan ocultar dinero en el extranjero”, dijo. Scott agregó que ya no tendrá preocupaciones, pero que a cambio pagará como precio el tener que retornar a su país como un turista.
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