Félix Cisneros Caballero
Rayó el alba,
el sol ya excita las hojas verdes de los parvos
árboles que subsisten al despale humano,
parece el desenlace acelerado de la vida misma,
del ser humano y su auto hecatombe,
al no dejar piedra sobre piedra en su dominio,
al destruir su casa, como algo pecaminoso,
truhanesco y malicioso.
Sin embargo, consciente del peligro cotidiano
y de nuestra exigua participación para evitar lo
que sucede en torno a nuestra esfera,
nada consigue ser más trascendental, valioso y único
que despertarte con un beso suave, profundo
y prolongado, tan despacio, tan lento, que
pienses que sueñas con un dulce afable
mientras recorro de lado a lado tu cuerpo,
saboreando cada espacio de tus labios mediante un
beso infinito, apasionado.
Nada más sincero para avivar, animar, incitar tu despertar
bajo el deseo inocente de un beso madrugador,
donde desfilan los segundos cuando estoy a tu lado,
sin que te muevas o excites, alentando tu sueño profundo
y tus utopías sensuales entre llanuras, pampas y praderas
que se armonizan como testigos del
inicio de un nuevo día al borde de la ribera.
Si anhelas y te provoca despertar,
será un precioso amanecer para
expresar unos buenos días aglutinado a tu boca, jadeando tu aura,
tropezando con los límites de tu continente,
si incitas tu cabello y tus ojos brillan como una estrella
tu sueño se hará realidad.
Si por el contrario,
continúas durmiendo, soñando y pernoctando en el deleite
de un pecado inocente, sonreiré y saldré de casa
con las baterías recargadas para el trabajo.
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