Para el próximo 20 de agosto está prevista la firma de un acuerdo de unidad nacional, la cual estaría conformada por partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil, cuyo objetivo es convertirse en una verdadera alternativa frente al inconstitucional presidente Daniel Ortega.
El nombre aún no es oficial, unos lo han llamado Grupo de los 21 (que es el total de los que suscribirán dicho acuerdo o manifiesto), en tanto, otros prefieren llamarle Bloque Opositor. “Finalmente nos hemos puesto de acuerdo, se trata de una alianza de organizaciones políticas de izquierda, centro y de derecha, que tenemos como propósito rescatar los espacios democráticos en el país y la institucionalidad, poner en orden el Estado, de acuerdo con lo establecido en la Constitución, que desde que Ortega llegó al poder no respeta”, dijo a LA PRENSA el jefe de la Bancada Democrática Nicaragüense (BDN), diputado Luis Callejas, al ser consultado la semana pasada.
Callejas agregó que esta unidad se viene gestando desde hace mucho tiempo, donde se está trabajando por una coalición amplia.
Una de las primeras acciones conjuntas entre los partidos políticos y sociedad civil que firmarán el acuerdo fue la lluvia de recursos de inconstitucionalidad contra la Ley 840, “Ley Especial para el Desarrollo de Infraestructura y Transporte Nicaragüense atingente a El Canal, Zona de Libre Comercio e Infraestructuras Asociadas”.
Lo positivo de esta noticia es que hay conciencia de la falta de liderazgo en la desacreditada clase política, así como falta de propuestas concretas ante los problemas más sentidos del país.
Nicaragua no se escapa al fenómeno del desgaste de los partidos en el continente. El experto en Ciencias Políticas, Manuel Alcántara —quien estuvo en el país la semana pasada— sostiene que la personalización de la política, la aparente verticalidad en el proceso de toma de decisiones partidistas y las denuncias que los partidos son oligarquías que representan cada vez menos a los ciudadanos, han llevado a muchos a desestimar la importancia de los partidos como instrumentos del sistema político poniendo en duda la capacidad movilizadora y de representación de estas agrupaciones.
No obstante, advierte que los partidos deben continuar siendo los actores principales de la dinámica política apoyados en organismos de la sociedad civil.
Por eso es que es positivo que los distintos sectores de la vida nacional lleguen a la conclusión que solo forjando una unidad alrededor de principios y no de personas es que podrían ser alternativa frente al régimen de Ortega.
El tiempo nos dirá si este es una calistenia para demostrar el músculo opositor a la familia gobernante, presentando mejores propuestas que el gobierno en materia política, económica o social. O bien, si los denominados opositores acaban desintegrando este esfuerzo de unidad porque desean ser los eternos candidatos presidenciales.
Para entrar en serio con esta propuesta —sin ánimos de discriminar a nadie pero con la certeza de que ya pasaron los tiempos para algunos políticos—, debemos recordar los últimos resultados de las encuestas: Arnoldo Alemán 73.4 por ciento de opiniones desfavorables y Eduardo Montealegre Rivas 69.7 de opiniones negativas.
Hay que darle oportunidad a caras nuevas que podrían combinarse con la experiencia de otros que no están quemados. Aunque es muy temprano para hablar de fórmulas —que no es la intención de este artículo de opinión—, podría mencionar a destacados profesionales de la sociedad civil como Sergio Cuarezma, Gabriel Álvarez y Félix Maradiaga entre muchos que seguramente tiene el país, quienes deberían coordinar sus esfuerzos con personalidades de la talla de Alejandro Serrano Caldera, Francisco Aguirre o Carlos Tünnermann por ejemplo.
En todo caso, veremos si la madurez de los que van a integrar este bloque opositor estará a la altura de lo que el país demanda con urgencia para restaurar el Estado de Derecho e institucionalidad, o bien se quedará en otro intento destruido por los que solo quieren ser caciques eternos en sus partidos y eternos candidatos presidenciales. El autor es periodista.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A