Bloomberg News
Jim Yong Kim alguna vez dormía en su oficina y conducía por caminos de tierra para ayudar a sus pacientes en un barrio “carenciado” cerca de Lima. Cuando regresó a Carabayllo en Perú, dos décadas después como presidente del Banco Mundial (BM), una comitiva lo trasladó a toda velocidad desde el hotel de lujo donde estaba alojado. Desde el auto podía ver carteles de bienvenida en pancartas y paredes de ladrillo.
La reunión en junio, un año después de que el médico formado en Harvard asumió la presidencia del banco, tuvo que ver con el futuro de Kim tanto como con su pasado. En los noventa su organización Socios en Salud ayudó a los pacientes de Carabayllo que sufrían de tuberculosis resistente a los medicamentos. El proyecto, que dependía de los trabajadores de la salud de la comunidad para el tratamiento, obtuvo una mejor tasa de cura que los hospitales de Estados Unidos, se expandió en Perú y tuvo influencia en otros países.
Kim tiene la “fantasía” de replicar ese tipo de éxito en el BM, que distribuyó 53,000 millones de dólares en ayuda financiera en 2012. Basado en el trabajo de campo de su pasado, está intentando que 15,000 empleados trabajen en una misión destinada a poner fin a la pobreza que está amenazada por una aversión institucional al cambio que se fue generando durante casi siete décadas, y por fuerzas exteriores como la ola global de capital privado en busca de mayores retornos.
“Mis antecedentes como persona del ámbito del desarrollo va a ser relevante en el futuro por una razón muy simple”, dijo Kim en una entrevista en Lima. “Esto para mí no tiene que ver con entender las políticas macroeconómicas, con encontrar financiamiento. Tiene que ver con entender los detalles de cómo llegar a lugares como este”.
OBJETIVO DE 2030
Llegar a los rincones más pobres del mundo y lograr que gobiernos e inversores sigan sus pasos será clave para Kim, que fijó un objetivo en abril que el banco no puede alcanzar por sí solo: reducir el porcentaje de gente que vive con menos de 1.25 dólares por día a tres por ciento en 2030 (de 21 por ciento en 2010) y fomentar los ingresos del cuarenta por ciento más pobre de la población.
Para alcanzar esa meta, promete transformar una institución que se creó después de la Segunda Guerra Mundial para reconstruir a Europa y que ahora está centrada en los países en desarrollo. Kim llegó a la conclusión de que el banco se ha vuelto demasiado fragmentado, cauteloso y ensimismado como para lograr su misión.
“El banco corre peligro de ahogarse en sus propias burocracias, pero pienso que también es una institución difícil de reformar”, afirmó Clare Short, exsecretaria de desarrollo internacional del Reino Unido, quien se reunió con Kim en Washington en julio. “Kim necesita todo su encanto y su determinación, y además necesita ser absolutamente implacable”, dijo.
CAMBIOS CULTURALES
En un memo dirigido al personal del Banco Mundial el 23 de julio, Jim Yong Kim dijo que planea realizar cambios para superar “una infinidad de obstáculos, algunos culturales, otros de procedimiento”.
Dijo que quiere establecer un programa de especialización profesional para expertos técnicos y señaló que el personal con conocimiento regional necesita trabajar más estrechamente con especialistas en áreas como la educación o la salud. Kim va a necesitar de los países ricos como Estados Unidos cuando, más avanzado este año, salga a pedir dinero para prestarles a los países más pobres sin interés.
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